Según un estudio realizado en la universidad de Harvard por el profesor Matthew Sachs, las personas más sensibles a la música tienen un cerebro especial, es decir, sus funciones cognitivas y emotivas son diferentes al promedio de las personas. Más allá de la respuesta emocional que la mayoría experimenta ante ciertas melodías o canciones, cuando esta reacción se traslada a lo físico, por ejemplo en la piel o en la activación de las extremidades, se debe a que su estructura cerebral contiene un mayor volumen de fibras que conectan la corteza auditiva y las áreas que procesan las emociones; en otras palabras, existe en estos individuos una mejor comunicación y sinapsis neuronal y por ende un mejor procesamiento de información.   Hay quienes verdaderamente logran transportarse a través de los sonidos armónicamente hilados, lo que podría ser un privilegio para ellos pues de forma rápida, sana y sencilla, alcanzarían altos niveles de dopamina, activando su sistema de motivación y recompensa.

Fuente: Academic.oup

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