Por cada “droga de diseño” que las autoridades prohíben, laboratorios clandestinos sacan una nueva versión. Es imposible seguirles el paso.

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El término “drogas de diseño” se volvió popular en el boom del éxtasis en la década de 1990 y, aunque su uso al principio era recreativo (nunca fue planeado para raves o fiestas), esta etiqueta fue la frase perfecta para dar glamour y a la vez demonizar al MDMA como el nuevo high de moda.

Desde entonces había habido varios intentos para crear las nuevas drogas de diseño, pero sin mucho éxito. Sin embargo las cosas han cambiado en las calles. Por primera vez podemos usar el término “drogas de diseño” con confianza porque estamos presenciando “el comienzo de una revolución científica en el uso y distribución de substancias que alteran la mente”, apunta The Guardian.

Estas drogas han llegado a los titulares con nombres como Spice, K2, mefedrona y M-Cat, pero hay cientos más. Son vendidos eufemísticamente como “sales de baño”, “incienso” o químicos de investigación” y así no son regulados, o al menos no al principio, porque están etiquetados como “no para consumo humano”.

Los dos tipos más famosos son drogas sintéticas de cannabis y estimulantes similares al éxtasis y a las anfetaminas. Pero lo que hace de esto una revolución y no una simple innovación de mercado es la escala y la velocidad de su desarrollo. El Centro de Monitoreo Europeo para Drogas y Adicciones reportó 73 nuevas sustancias el año pasado. Esta ola de nuevas drogas comenzó apenas hace cinco años y desde entonces se han hallado más de doscientas substancias anteriormente desconocidas en circulación.

Así, cuando una sustancia se prohíbe aparece otra variante inmediatamente. Laboratorios profesionales pero clandestinos están atiborrando la literatura científica con nuevas drogas psicoactivas, y cambiándolas tan rápido como cambia la ley.

Lo increíble es que con la fácil y rápida disponibilidad de estas drogas, los índices de drogadicción no han subido y los índices de mortandad relacionada con las drogas de hecho han disminuido.

Actualmente es casi imposible detectar nuevas drogas al paso que van apareciendo. La revolución en el mercado de drogas recreativas es un fuerte recordatorio de que la guerra contra las drogas es fútil. “La guerra contra las drogas no se ha perdido; se ha vuelto obsoleta”, concluye The Guardian.

Fuente: theguardian.com/

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