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¿Por qué después de los 30 años el guayabo es insoportable?

la bebida, la comida y la fiesta no nos sienta igual a los 30 años, esto es porque a los 20 vivimos un apogeo hormonal, metabólico y muscular que nos permite resistir mejor muchos tipos de situaciones adversas. A medida que pasan los años, nuestro cuerpo tiene menos capacidad de gestionar eficientemente las intoxicaciones. Recordemos que consumir alcohol no es otra cosa que envenenarnos un poco con intención lúdica. El cuerpo de los mamíferos está preparado para procesar el alcohol procedente de la fermentación de los alimentos. Pero este proceso es un medio de defensa, ya que el alcohol es tóxico (en cualquier sentido).

A medida que pasan los años, nuestra capacidad de producir alcohol deshidrogenasa (ADH), un conjunto de siete enzimas que se encarga de procesar el alcohol, se reduce. Esto supone una mayor intoxicación etílica y peores efectos procedentes del metabolismo que debe protegernos. Además de la ADH, nuestro hígado también produce menos enzimas, como la acetaldehído deshidrogenasa, encargada del metabolismo del acetaldehído, que es una sustancia muy agresiva y peligrosa en nuestro cuerpo. A todo esto se le añade un control menos eficiente de la hidratación, algo fundamental en el metabolismo de cualquier sustancia tóxica. Además, a los treinta, un adulto humano suele tener su pico muscular. A partir de aquí el cuerpo suele variar para adquirir más grasa y perder músculo. Esto juega en nuestra contra, ya que a menor musculatura se consume menos energía y el metabolismo se ralentiza en muchos sentidos. Por otro lado, las células encargadas de protegernos, como las del sistema inmune, también funcionan peor. Todo esto provoca que el cuerpo tarde más tiempo en recuperarse de los efectos adversos de cualquier esfuerzo. 

Conjuntamente la neuroplasticidad, la capacidad de las neuronas de desarrollar nuevas conexiones y cambiar las viejas, va desapareciendo. La neuroplasticidad es la base esencial de muchísimos procesos neurológicos. Por eso, con el tiempo, esta reducción nos afecta negativamente a la recuperación. Por si todo esto fuera poco, nuestro ritmo circadiano, el reloj interno que controla a todos los seres vivos, se va modificando.

En definitiva, a los 30 ya no podemos hacer lo que hacíamos a los 20 porque nuestro cuerpo ya se ha vuelto adulto. Desde la adolescencia hasta la madurez, es un saco de hormonas, con una capacidad metabólica increíble. A partir de su momento álgido, irá acomodándose y, con el tiempo, perdiendo capacidad. 

FUENTE: xatakaciencia.com