*Nosotros ya estamos listos para celebrar nuestra décima edición por todo lo alto. Sabemos lo importante que significa expandir nuestro festival a tres días. Sabemos que hay artistas conocidos y otros no tantos. Sabemos que la música es la droga del festival y no al contrario. Sabemos que el festival tendrá el placer de recibir personas por primera vez y otras que nos han estado acompañando a lo largo de cada edición. A esos que son nuevos, son más que bienvenidos al FREEDOM, un festival donde más allá de bailar, puedes descubrir otro tipo de géneros musicales y, lo más importante, disfrutar todo con responsabilidad.
Desde MedellinStyle invitamos varias personas a que nos contarán cómo y cuándo fue su primera asistencia a nuestro festival.

Foto: Ravers Mag

Julián Taba Muñoz (Pereira):

En 2017 decidí ir solo al festival. Al principio me negaba a tener amigos de fiesta y siempre salía solo y más cuando era a festivales. Mi intención era irme en bus desde Pereira, pero el día antes, vi que un DJ de aquí (ADO) tenía un cupo en su carro, así que me fui con él y su familia, entonces llegamos temprano y descansados. Ya en Medellín, me despedí de ellos y estuve solo.

Llegué temprano en la tarde y empecé a dar vueltas por todos los escenarios, pero fue en el Ghetto Funk donde estuve casi todo el festival. Ese era el escenario más pequeño y fue donde encontré más agresividad. Aunque más o menos a eso de las 2:30 de la mañana, cuando estaba tocando Andrés Gil, sentí un bajón de energía, y era que se me había olvidado comer desde que había entrado a Plaza Mayor, y lo peor era que a esa hora ya no había comida. Solo encontré un pastel de chocolate. Ya en ese momento, entendí que había bailado demasiado y aborde un taxi que me llevo a la terminal de transporte -porque aún me esperaba un viaje de regreso de cuatro horas en bus. Tipo 9 de la mañana del domingo, ya estaba en mi ciudad, en mi cama y muerto del cansancio, pero feliz por lo que había vivido. Debo decir que, sin duda, el live de AAAA fue lo mejor para mí.

Sebastián Valencia (Barbosa, Antioquia):

Mi primer FREEDOM fue el 18 de marzo del 2017. Genial, magnífico y espectacular, son las palabras con las que puedo describir mi primera asistencia al festival. Ese día me fui temprano porque la ansiedad me controlaba y quería escuchar a los DJs que, en ese entonces, me motivaban y me alegra escuchar siempre que los traigan. Al momento de entrar, se escuchaba el bajo y todo tipo de sonido que te incitaba a entrar lo más rápido posible. Lo que uno debe tener claro al momento de ir al FREEDOM, es que siempre va a escuchar algo nuevo. Me paso con Oscar Mulero, ya que es muy conocido, pero presenciar ese momento fue único. Ver personas bailando al ritmo de los bajos, fue genial. Todo el mundo lo miraba y lo saludaba. No se veía ningún tipo de rencor, ¡todos eran felices!

El momento que más me marco fue cuando se subió Cari Lekebusch. En ningún momento imagine estar rodeado de tantas personas y, al tiempo, que el mismo DJ tenga tanta energía de ponernos a bailar. Salí más que contento cuando se terminó el festival y, por supuesto, con ganas de volver.

Melissa Ramírez (Cali):

Mira, mi primer FREEDOM fue en 2010, cuando el festival en realidad se llamaba GOOD MUSIC I DANCE FREEDOM y algunos lo abreviaban como GMID FREEDOM. Sé que fue en septiembre, solo tenía un escenario y era el regreso del festival a Plaza Mayor. Lo más chimba que me pareció del festival, es que, en ese entonces, la entrada era gratis. Vos simplemente le pagabas a un promotor para que te llevara el pasabordo (ticket) a alguna estación del Metro y debías darle (creo) $5.000 o $10.000 pesos para escuchar más de siete DJs.

Ese día llegue temprano y desde afuera ya había una cantidad de personas con esas gafas Oakley que tanto identifican el tipo de personas que van al festival. En un principio me pareció raro, pero a medida que asistía al festival fui entendiendo todo, y obvio me compré las mías. Para resumirte mi historia, puedo decirte que el momento más especial fue cuando Ryan Elliott tocó. Yo estaba super emocionada por experimentar un evento tan grande y con diferentes corrientes musicales que desconocía, pero hubo un momento en que un fotógrafo comenzó a sacarle fotos a Ryan, y él en medio de su euforia y energía (tal vez del público) le quito la cámara al fotógrafo, le empezó a sacar algunas fotos, le puso sus diademas y luego se sacaron una foto juntos. Ryan no paraba de sonreír y el fotógrafo igual, mientras que yo estaba en shock. La verdad, no esperaba ver eso, pero de alguna forma, ese momento resumió 100% la esencia del organizador, del evento, del público asistente y de que este evento no era un evento donde el DJ cumplía su trabajo de tocar y luego se marchaba como si nada. Desde ese entonces, siempre voy al festival.

Foto: Julián Gallo

Valentina Narváez Bonet (Medellín):

Todo surgió por alguien que conocía y me empezó a involucrar en la cultura techno, llevándome primero a eventos en ARAMAXIMA. Luego cuando conecté con todo eso, fui al FREEDOM 2015. Lo mejor de todo, ¡fue todo! En definitiva, gracias al festival encontré mi esencia, toda esa música conecto con algo muy profundo de mí: mi alma raver; todo lo que conlleva este festival va más allá de la simple fiesta. Para mí, es un encuentro sagrado, donde he aprendido a no escuchar por moda. Desde el principio he estado con los oídos muy abiertos, más que lo ojos.

Una de las cosas que más me agrada es la energía, todos somos uno bailando en la misma sintonía, en una misma pista, bailando como si nadie te viera. ¡Eres tú liberando todo lo que llevas por dentro y dejándote abducir por la música! La sientes completamente siendo uno, comprendiendo cada beat como un mensaje del universo que nos entrega el DJ que esté tocando. Todo es tan mágico. Me quedo hasta corta para describir mi experiencia y cada una que he vivido por parte de MedellinStyle. ¡Ellos son la razón de todo esto! Demasiado agradecida con José Mejía por hacer esto realidad y cada vez, a un nivel más grande. Amo ser parte de esta familia y de esta cultura.

Santiago Sierra (Barbosa, Antioquia):

Mi primera vez en el FREEDOM fue en marzo del 2014. El año en mención era el primero en que la edición del festival me cogía con cédula. Recuerdo que mi emoción era muy grande. Sobre todo, porque se me venía a la mente que un año antes intenté entrar con un primo sin conseguirlo (Risas). Lo mejor de aquella maratónica jornada, fue encontrarme con el formato de un festival capaz de reunir diferentes paisajes sonoros dentro del techno y la música electrónica. Además de lograr que la misma diversidad que habita en Medellín y Colombia, coexista en un mismo espacio, llamado Plaza Mayor, con una sola excusa: bailar para ser libres.

Dos momentos que se me quedaron grabados, fue cuando Rozzo, aka The Mountain People, soltó “Gazebo” de Fairmont; y el otro es cuando el festival finalizaba mientras la gente casi que le suplicaba a Pär que tocará un tema más. Al final no lo hizo, pero creo que no fue por falta de ganas sino por el horario.

José Valero (Armenia):

Mi primera experiencia fue en el 2017 y fue inolvidable. No solo por la música de los invitados nacionales e internacionales, sino por el resto de experiencias que dan gusto a todos los sentidos. Los montajes, los visuales, los sabores, y el reencontrarse con amigos de la escena nacional, son elementos que lo enamoran a uno como asistente. Abre demasiado la mente en todos los aspectos. Sobre todo, en el rol que juega uno como promotor local de una escena emergente como la de Armenia. Es muy enriquecedora la experiencia del festival en términos de ideas y relaciones públicas. Volver cada año al FREEDOM desde que se vive, se vuelve vital para seguir sobreviviendo en el ecosistema de la música electrónica colombiana.

Foto: Julián Gallo

Douglas Fugazi (Medellín):

Mi primera asistencia fue en su primera edición, en el 2008, cuando se llamaba GOOD MUSIC I DANCE FREEDOM. Ese día Medellín comenzó a vivir una de las experiencias más increíbles de un festival de música electrónica a gran escala. La fiesta realizada en Plaza Mayor fue el inicio de un viaje de música de avanzada donde en un gran espacio para todas las clases sociales de Medellín, bailaran juntas totalmente gratis. Era una época donde Detroit llegaba a Medellín con Kenny Larkin y Stacey Pullen, para enseñarnos el pasado y presente con una propuesta fresca e innovadora, prometiendo elevar los estándares de experimentación sonora a niveles inimaginables. Así mismo, Massi DL llegaba como la gran novedad del momento del circulo electrónico europeo para cumplir en Medellín con su gran objetivo: poner a bailar a miles de almas electrónicas con su característico minimal techno italiano.

El Freedom Festival logró descentralizar al público paisa, porque reunió a una gran cantidad de público de todas las clases sociales y de todas partes del área metropolitana, brindándoles una experiencia en torno al techno y house, que difícilmente podrán olvidar y que hasta el día de hoy trasciende. Este fue el inicio de una expresión cultural llamada GMID, porque permitió abrir una diversidad musical donde cualquier persona pudiera sentirse libre en sus aficiones musicales, trascendiendo el alma del público e invitando al cuerpo a un movimiento poderoso de sana convivencia entre todos los amantes de la música electrónica en Colombia.

Paula Diaz (Cúcuta):

En la edición del 2016, el espacio resultaba infinito. Una nave interplanetaria iluminada de rojo instintivo resaltaba el humo que emanaba del cigarro que pendía en la boca de Zadig; parecía totalmente absorbido. El sonido retumbaba con una intensidad indescriptible en el recinto a medio llenar, mientras aún se podían distinguir las sombras confundiéndose entre reflejos y luces sobre el suelo. Medellín le es fiel al napolitano Capriati, y ese día el GMID ARENA estaba a reventar, mientras otros pocos despegábamos a toda en una cuenta regresiva que prometía dispararnos desde el Medellin & Beyond, a universos muy lejanos cuando llegara a cero. Para ese momento había olvidado el hormigueo en las plantas de los pies que me asediaba hace incontables minutos y, el sentimiento de plenitud y satisfacción, se hacía protagonista. Diez horas habían pasado desde que nos adentramos al corazón mismo de la música, desde que recorrimos pasillos, desde que conocimos personas, desde que nos dejamos guiar por el instinto auditivo, ese mismo que me hizo querer gritar mientras Julian Jeweil entregaba el mando a Ambivalent, ese mismo que no me permitió perderme el final de los Zenker Brothers, (final que no esperaba), ese mismo que terminó haciendo de mi ruta del baile, un laberinto inolvidable de sonidos, porque eso es el Freedom: explorar y descubrir. No es solo sobre música electrónica, se trata de unidad y armonía, de pasarle la botella de agua al que ves exhausto en el suelo o, de iniciar una coreografía de la nada y con un completo extraño, al que seguramente verás el año siguiente en el mismo lugar y créeme, te va a reconocer y te saludará, porque así es esto, así es Plaza Mayor en época de festival, así somos todos entre la música y por la música, porque esto no inicia una vez llegas al festival, ni acaba cuando te vas, todo esto nace de la chispa de curiosidad, de las ganas de creación y aporte. No es solo sobre música electrónica, es sobre la sensación de llegar al aeropuerto o terminal y encontrarse con un grupo de desconocidos que llevan camisetas del festival y mirarse con complicidad como quienes guardan un gran secreto. Es encontrar conspiradores anticipados desde la estación del metro, todos sabemos para donde vamos, todos sabemos por que estamos aquí. Dar la primera pisada sobre Plaza Mayor es sentir la ansiedance misma, corriéndote por las venas, es encontrarte en frente de una edificación enorme de concreto, vidrio y metal que se doblega ante las vibraciones de los bajos.

¿Cómo el techo no se cae sobre nuestras cabezas? ¿Cómo el suelo no se quiebra bajo nuestros pies? ¿Cómo no estallan los vidrios con nuestra energía? Parece que finalmente se trata de este instante donde te sabes uno con la música y con el todo, donde descubres ese live de Vril que no suena como nada que hayas escuchado antes, donde reconoces las variaciones de aquel Eduardo de la Calle al que le has seguido la pista hace meses, otros incluso años, donde te sorprende ese A Sagittariun, a quien no ibas a oír y termina siendo el mejor baile de la noche, porque eso es el Freedom: es acerca de descubrir y aprender, de abrir los ojos y los oídos a otros planos, más allá de todo lo establecido, más allá de todo lo común. No se trata únicamente de lo que sientes en la pista o de lo que sientes con la música, es todo lo que esto comprende, lo que esto representa, es la sensación de estar y pertenecer a algo más grande, a algo que se mueve, que no se queda estático, que se reinventa y evoluciona sin parar, algo que toca a todos los que hacemos parte, algo que nos transforma desde dentro.

Artículo organizado por Mauricio Atencia.

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