Mantener un proyecto de éxito que ayudó a definir los parámetros de uno de los momentos más inventivos de la noche brasileña, además de un sello que se consolida como una plataforma de las más relevantes para artistas de la vanguardia musical electrónica bailable y una carrera como DJm es el tipo de música que ha liderado Davis bajo una combinación que, por sí sola, ya exige una devoción que va más allá de la simple dedicación. Esto también acaba siendo un factor distintivo entre tantos otros que ayudan a ver el nivel de compromiso que un artista tiene no solo con su arte, sino con sus proyectos y público. El recorrido que Davis delineó hasta aquí, muestra claramente cuál es el tipo de relación que mantiene con todos esos frentes que, al fin y al cabo, sostienen la vida artística que él, entre tantos otros caminos posibles, escogió. Cada una de ellas retiene una parte suya y de sus proyectos, mientras cada una apunta a muchas de las facetas que hacen de él una presencia prismática y al mismo tiempo tan fuerte como sutil en la escena nacional.

Conversamos con Davis, un multifacético artista que está a punto de lanzar Ordinary Sleep en Live At Robert Johnson, el cual pueden escuchar a continuación.

Siempre los inicios de una jornada son recubiertos por la niebla de los tiempos y creo que, en este momento, vale dispersarla y enfrentar algunos clichés para que la mostremos un poco, especialmente para los que no la conozcan y a ti tampoco. ¿Cómo surgió esa pasión que te trajo hasta aquí y cómo se afirmó de modo parte tan importante en tu vida?

Hubo dos momentos cruciales en esa trayectoria de los que recuerdo claramente. El primero fue a los 13 años, cuando me apasioné inicial y fatalmente por la música, y empecé a tocar en pequeñas fiestas de garaje con amigos. Fue ahí donde toda esa fuerza vital y el placer de tocar y tener una pista en mis manos, me sedujo. Un ímpetu que tuvo término solamente por las constricciones financieras que un adolescente naturalmente enfrenta.

El siguiente fue en un contexto de intenso cambio individual, hacia los 2000. Este fue un período de transición y transformación en el que el DJing apareció como uno de mis principales motivadores e hizo reconectarme de modo aún más profundo. Este es el que vivo hasta hoy, es más fluido, compasivo y, por eso mismo, más duradero y auténtico, siendo fruto de mi maduración personal y de mi relación con la música. Todo se dio de forma bastante gradual y empecé a tocar sin generar muchas expectativas, hasta que las invitaciones fueron surgiendo, incluso para tocar en lugares que admiraba muchísimo. De ahí se hicieron más frecuentes, las oportunidades se hicieron presentes y acá estamos.

Y en cuanto a la otra actividad que hoy día también marca esa relación: la producción, ¿cómo pasó a ser parte de ese proceso tan personal que acabó tornándose profesional también?

Sinceramente, siempre quise producir. Este es un deseo que invade a cualquier niño o adolescente así que ve a algunos de sus héroes o modelos artísticos en un escenario, detrás de los instrumentos, generando todos esos sonidos tan fascinantes. Recuerdo el día que vi en la televisión quién era Quincy Jones, y descubrí que él había producido “Thriller” de Michael Jackson. Esta imagen es algo muy impactante y siempre ha quedado conmigo en mis memorias, desde las primeras veces que recuerdo haber visto en la televisión la imagen de un estudio.

Sin embargo, entre el deseo y la realidad, siempre hay esa duda sobre sus capacidades, una inseguridad natural que nos mantiene humildes e incluso realistas, pero que también puede mantenerse alejada de nuestros potenciales. Es importante recordar también la coyuntura profesional que se presentaba allí, en la que la sinergia entre producción y discoteca era vista como algo necesario, tanto para quienes vivían exclusivamente de hacer música y para quienes solo la tocaban. Esta imposición del mercado a la época acabó generando muchos problemas para todos y, obviamente, lo que más fue afectado, fue la calidad de lo que se ofrecía al público. No quería hacer parte de eso y de ahí surgía un dilema artístico para todos que participaban de la escena y que me incomodaba harto: ¿hacer música porque necesita o porque realmente le gusta?

Empecé a aventurarme en el estudio porque me satisfacía de una forma complementaria a la que encontré en la cabina, y mis primeras incursiones se dieron sin muchas expectativas. Yo compartí lo que había creado hasta allí, creyente de que un feedback u otro sería el máximo que lograría, algo que ya me ayudaría inmensamente. Pero jamás imaginaría que, cuarenta minutos después, una persona como Victor Rotciv, cuya opinión y visión siempre respeté, me llamaría para preguntar si me gustaría lanzar algo por su sello, Mister Mistery. Esto me imbuyó de la confianza necesaria para que continuara siguiendo ese camino y traté de irme perfeccionando, aprendiendo en el transcurso, todo lo que podía de mis errores y aciertos.

Proporcionar ese estímulo, tal vez sea la función más primordial ocupada por una plataforma artística, ¿no? ¿Replicar esa tarea fundamental de una forma original también fue lo que llevó a ti, Vermelho y Zopelar a fundar In Their Feelings? Hasta aquí el label mostró una envidiable cohesión en medio a una gran diversidad de artistas, tanto novatos y veteranos. ¿Hay un hilo que ata a todo eso y todos juntos?

Si lo hay, pero conecta, no ata. Hay mucha libertad involucrada en los rumbos que elegimos para el label, además de la deliberación conjunta que define los horizontes que perseguimos, acerca de la cual siempre estamos de acuerdo antes de lanzar cualquier cosa. La curaduría es cuidadosa, y siempre busca favorecer una parcela más jovial tanto del inmenso repositorio de talentos, como del enorme repertorio de géneros musicales con que tenemos el privilegio de tratar diariamente. Todo se torna también a una forma de expresión entre nosotros que es central para nuestro trabajo colectivo e individual. Es única, genuina y se materializa en el catálogo, pues lanzamos lo que nos gusta tocar y escuchar.

Así, ella también es una continuación del trabajo que hacemos como DJs y productores. Un capítulo más de esa narrativa que construimos juntos. Tiene proyectos muy variados, sonoridades muy distintas y peculiares, todas agregando una riqueza única a lo que intentamos ofrecer al público que, en este caso, son principalmente nuestros pares.

En cuanto a los criterios de elección de lo que compone o no el catálogo, si hay un método, funciona de un modo no muy riguroso. Recibimos bastante material, pero de una forma bastante errática, muchas veces hay una avalancha, en otras, todo escasea. Entonces no podemos confiar en ese flujo y acabamos comisionando algo de artistas cuyo trabajo nos atraiga y nos gusta, aunque de manera bien informal.

¿Qué es la ODD? ¿También sigue una orientación similar, aunque sea tan vaga?

En cierto modo, sí. La ODD tiene como uno de sus principales objetivos proveer espacios seguros para que las libertades individuales sean respetadas y la creatividad de todos allí presentes, pueda florecer. Especialmente aquellas que, por ventura, no encuentren esas oportunidades fuera de ese ambiente que cultivamos a cada edición de la fiesta. Uno que no sea controlado o definido por influencias externas y que, por eso, sea libre en el sentido más elemental de la palabra, ofreciendo un escenario para todo tipo de forma expresiva que pueda surgir allí, a partir del enorme léxico que los lenguajes electrónicos y performativos pueden proveer. Dentro de todo esto, el público no es solo espectador, es parte viva y fundamental de ese ambiente, y así se convierte en un espacio realmente sin fronteras. Es evidente que también es un laboratorio para nuestros proyectos y, sin ello, no me imagino que lo que hago tuviera el mismo impacto, pues es en ese diálogo tan franco y dinámico con la pista que surgen aquellos momentos repletos de posibilidades que son esenciales para cualquier artista.

Además, ODD ya cumple unos buenos cuatro años de existencia durante los cuales tuvimos muchas conquistas, pero creo que una de las más importantes fue lograr ampliar el alcance de nuestro público sin interferir en esa atmósfera de modo agresivo o disruptivo. Agregamos personas e ideas a nuestra mezcla sin modificarla o perderla, ya que todos los que vinieron a conocer el proyecto y todo lo que representa durante ese tiempo también se familiarizaron tanto con nuestra propuesta canto con los códigos que la componen y lo tornan algo singular e inclusivo. Esta es una victoria inestimable cuando se trata de algo tan caro a nosotros y que merece ser preservado como lo que tenemos de más precioso.

Foto: Felipe Gabriel

Por cierto, ese es uno de esos desafíos que todas las iniciativas artísticas más conceptuales acaban por enfrentar en algún momento de su trayectoria al tener que tratar con su propio éxito y popularización. Y, ahora inseridas un entorno cada vez más conservador tanto en Brasil como otras partes, su función se torna más urgente, ¿no crees?

Este momento que enfrentamos ahora es parte de una tendencia global, no hay duda. Este recrudecimiento de perspectivas atrasadas, ese pánico diseminado que lleva a las personas a hacer elecciones equivocadas y adoptar posturas mezquinas, es algo que se puede ver en diversos lugares. Si pienso en todos los lugares en los que he tocado este último año, es interesante señalar que cada uno de ellos ofrece respuestas muy particulares a estas cuestiones, así como nosotros. Es una búsqueda constante que desempeñamos, dirigiendo nuestros esfuerzos hasta aquí para crear y mantener esa característica que torna a ODD lo que es, proveyendo un núcleo de resistencia o un refugio y medios expresivos para quienes los necesiten. Prefiero imaginar que, en ese sentido, tuvimos más éxitos que fracasos.

 

“Lo que nos motiva principalmente es poder mostrar a la ciudad y a los ciudadanos nuevas formas de integración con el arte y con el mobiliario urbano, ayudando a re imaginar espacios y reinventar usos, proporcionando, en el proceso, más opciones para aquellos desprovistos de recursos para que puedan disfrutarla”.

 

Todo evento o proyecto es muy singular y, por toda parte tuve la oportunidad de pasar y tocar en esa escena mundial de la que ahora venimos a ser una pequeña parte, encontré respuestas diferentes a desafíos similares. Es natural, pues tenemos una gama inmensa de formas por las que podemos expresarnos y los recursos para crear y luchar también son infinitos. Los eventos son vehículos para que esas ocasiones se materialicen y todas posibilidades puedan venir a la luz. Entonces en cada lugar, en cada contexto, lo que sale de ahí va a ser totalmente diferente. Por ejemplo, São Paulo es recortada por desigualdades y estructurada sobre una extrema y violenta segregación que se hace presente de diversas maneras, a través de innumerables tipos de inseguridades y discriminaciones. Lo que buscamos proveer, o mejor, devolver a aquellos que hacen de ella y de nosotros lo que somos en una propuesta simple: una solución a esa condición, en la cual esas dinámicas perversas sean suspendidas, aunque sea provisionalmente.

El factor inclusivo es parte intrínseca de lo que pensamos, planeamos y hacemos no solo en ODD. El sello busca invitar a nuevos talentos para que estas voces más jóvenes tengan un punto de apoyo para sus aventuras. Sin embargo, en los eventos buscamos expandir el alcance y reforzar el significado de ese factor de varias maneras. Por ejemplo, la gratuidad de entrada para determinadas bandas de la población que son fundamentales para nuestra historia en la noche paulistana, pero que podrían verse alejadas de lo que estamos construyendo por razones financieras, fue algo que surgió de forma natural antes que una reacción a la actual coyuntura. Lo que nos motiva principalmente es poder mostrar a la ciudad y a los ciudadanos nuevas formas de integración con el arte y con el mobiliario urbano, ayudando a re imaginar espacios y reinventar usos, proporcionando, en el proceso, más opciones para aquellos desprovistos de recursos para que puedan disfrutarla.

Foto: Cortesía

Incluso abriendo lenguajes y valiéndose de enfoques diversos, ambos poseen una singular dirección artística: capas, volantes, escenografía, luces… todo añade dimensiones a la música y su fruición. ¿Cuál es el papel de ese componente en la alquimia que forma la ODD?

Es innegablemente muy importante, no es decoración y mucho menos un capricho o incluso algún tipo de adjetivo que acaba por convertirse en parte de nuestra identidad. Es tan musical como visual, así como es tan personal como colectiva, por eso mismo que también se convierte en un elemento expresivo para nosotros y para quien es parte de nuestra comunidad. En el caso de In Their Feelings, estos son espacios en los que podemos ofrecer libertad creativa a artistas fantásticos como GG, Acaptcha, Ivana (mitad de Oh Wonder), que también utilizan lenguajes y materiales tan distintos para llegar a creaciones fantásticas que reflejan mucho del espíritu de las obras que se unen. Y aquí tenemos mucho orgullo que sean parte esencial de lo que hacemos y ofrecemos al público.

Por otro lado, en ODD, el proceso se da con la elección del tema central originado en extensa investigación y debatido entre nosotros y de ahí pasamos a la etapa propiamente creativa que siempre busca una alineación con el contenido sonoro. Fue en el transcurso de toda la existencia del proyecto que la identidad visual se consolidó y ganó el público, tornándose algo fácilmente reconocible y hasta muy esperado. Así, es mucho más que una fiesta, en el sentido más corriente del término, aunque solo se torne real cuando esta ocasión ocurre, mismo que traiga momentos que excedan su duración. Desde que el primer layout de la promoción se publica hasta el momento en que el sound system es apagado, una nueva encarnación suya gana vida.

Y ya que hablamos de posibilidades y realidades alternativas, de una manera bien utópica: ¿qué espera de ese año que se inicia y qué se puede esperar de usted en su transcurso?

Creo que me siento más confortable proponiendo un desafío y expresando un deseo para ese futuro próximo. El desafío es que ampliemos las oportunidades para los demás, compartiendo ventajas y privilegios, como también expandir e intensificar el respeto a las diferencias. Mi deseo es que podamos crear juntos un ambiente mínimamente menos desigual en todos los sentidos. Por último, tener aún más posibilidades de retornar o replicar a otras personas lo cuanto la vida ha sido auspiciosa conmigo hasta aquí.

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