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Compruebe su inocencia, todo Colombiano es sospechoso (via: eltiempo.com)

Todo colombiano es sospechoso hasta que se demuestre lo contrario.

Todo colombiano es sospechoso de algo hasta que se demuestre lo contrario. Esa debería ser la primera frase de nuestra Constitución. La cantidad de papeles que se exigen para acceder a un trabajo es absurda. Eso del pasado judicial es un atropello. Tener que ir a jugar a la colita de un kínder enorme no es algo que deban hacer los franceses en Francia, por ejemplo. Y antecedentes de Procuraduría y de Personería, qué sé yo, supongo que a los alemanes no les exigen en Alemania. El principio de la culpabilidad reina en este país. Usted es culpable de algo, quizá de ser colombiano, si no saca un flamante pasado judicial ante su próximo jefe.

Las colas en las dependencias del DAS son penosas y son largas. Y uno ve a un pocotón de colombianitos perdiendo el tiempo, haciendo cara de buenas personas y especulando con su futuro judicial. “¿Qué tal que yo tenga un homónimo asesino, o narcotraficante o guerrillero o paramilitar o estafador?”, decía un Jaime de 20 años, todo preocupado porque se le esfumaba la posibilidad de ser mensajero de no sé dónde. Y los demás amigos espontáneos de cola replicaban la preocupación a lo largo de toda la fila. Entonces se componían el peinado, se brillaban los zapatos con el pantalón, se arreglaban la solapa. No vaya y sea que uno de repente parezca un colombiano. Con razón nos piden visa para todos los países. Si el Estado colombiano no confía en nosotros, ¿cómo rayos van a confiar en Holanda o en Bélgica, o en Nigeria, o en Sudáfrica?

A la entrada de los terminales aéreos o terrestres está la policía pidiendo cédulas para tipear los números en un aparatito portátil que tiene todas nuestras verdades. Y ahí vuelve la preocupación de aquel Jaime. ¿Qué tal que yo…? ¿Ah? Y, claro, uno entiende que se hace por seguridad. Aunque dudo mucho de que un guerrillero o narcotraficante o paramilitar o estafador viaje con su cédula original. Y dudo mucho de que un guerrillero o paramilitar o narco se atreva a ir al DAS a sacar su pasado judicial con su cédula original. Algo así demostraría que los delincuentes son brutos. Y parece que no, porque la guerra de guerrillas va para 40 años, y el narcotráfico campea desde finales de los 60, y los paramilitares vienen de los años 80.

La cédula es algo que en este país se manosea todo el tiempo. Porque si usted no la lleva consigo, pierde. Y todo el tiempo hay posibilidades de ser requisado. ¿Por qué? Porque todo colombiano es sospechoso de algo hasta que se demuestre lo contrario. Y porque estamos en un Estado policivo. Y el Estado es policivo porque, en realidad, estamos permanentemente en guerra. Uno lo adivina desde niño. Cuando ve tanques de guerra en las calles y al Ejército patrullando las calles. Eso es algo que un alemán en Alemania ni un francés en Francia ven cuando niños.

Si ustedes vieran la cara de felicidad de Jaime cuando salió del DAS con su certificado judicial, aplaudirían. Estaba radiante porque acababa de comprobarle al Estado y comprobarse a sí mismo que no era un delincuente. Y que, gracias a Dios, no tenía un homónimo. Creo que partió saltando alegres caballitos hacia su futuro empleo de mensajero no sé dónde.

Esa exigencia de antecedentes debería ser un problema de las empresas, no del empleado. Que puedan las empresas consultar una página web del DAS o de la Procuraduría o de la Personería, por ejemplo, la misma base de datos que manejan esas dependencias, y, con oprimir una tecla, listo o no listo. No sé cómo, en realidad no sé mediante qué mecanismo se podría desaparecer ese trámite para todos nosotros. Porque los delincuentes, que por lo general se saben delincuentes, no andan por el mundo con sus papeles originales. Creo que eso es obvio; en todas las películas del malevaje lo dicen. Y los colombianos del montón, nosotros, usted y yo, andamos con la verdad a cuestas. Esta de ser colombianos.

Cristian Valencia