Esto pasaría si cada habitante de la tierra siembra un árbol

Un equipo de investigadores de la Universidad de California se preguntó qué pasaría si cada habitante humano del planeta pudiera sembrar árboles para 2040. La última cifra que se tiene sobre la población del mundo circunda los 8 mil millones de personas. En contraste, las áreas verdes que se han sacrificado en favor de la industria agraria, urbanística y del turismo han descompensado a los ecosistemas que dependen de ciertas especies vegetales. Entonces para 2040, tendríamos 160 mil millones más de árboles en el mundo, pero ¿es suficiente para frenar el cambio climático?

Esto pasaría si cada habitante de la tierra siembra un árbol

Esto se traduciría en hojas, tallos y plantas nuevas, que transforman el dióxido de carbono en carbohidratos para mantenerse fuertes. Aunque la cantidad de carbono que un árbol puede almacenar varía de especie a especie, se estima que un sólo árbol puede transformar 22 kilos de CO2 para su propio beneficio al año. En consecuencia, también, se podría liberar aire purificado a la atmósfera. Este sería un primer paso para recuperar las formas de vida sin el estrés ecológico contra el que batallan en la actualidad. Así como los efectos negativos de la crisis climática se manifiestan en efecto dominó, un fenómeno inverso podría apreciarse al sembrar más árboles.

Así mismo, una de las consecuencias inmediatas es la creación de nubes naturales. Al tener más humedad, podrían gestarse más lluvias para alimentar a los bosques recién plantados. De la misma manera, apaciguarían las temperaturas al alza que se han apreciado en los últimos años. Aunque la estabilidad del clima tardará en restablecerse (en el mejor de los casos, unas cuantas décadas), generar nuevas formas de vida en sus entornos naturales originales es un buen primer paso para mitigar las consecuencias de la crisis climática. En los entornos urbanos, podrían hacer que las calles se enfríen, y las islas de calor desaparezcan poco a poco.

La institución ya no apunta a recuperar el terreno perdido, sino a garantizar la funcionalidad de lo que queda.”

La idea partió como una solución viable para frenar la crisis climática global, propulsada en gran medida por la emisión de gases de efecto invernadero. Los protagonistas, entre los más dañinos para la atmósfera, son el metano (CH4) y el dióxido de carbono (CO2), que perforan la capa de ozono y elevan las temperaturas a nivel global. Estas sustancias llegan a la atmósfera como consecuencia de la ganadería y la producción industrial masiva. Para purificar el oxígeno que respiramos, sin embargo, los ecosistemas boscosos y selváticos están padeciendo de estrés, al no tener árboles suficientes para absorber estos gases.

Fuente: ngenespanol.com