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Es un hecho que las plantas pueden ver, gustar, oler y tocar, pero ¿es posible que puedan oír?

Una planta pequeña llamada Arabidopsis thaliana puede oír las vibraciones que emiten las orugas mientras mastican sus hojas. Según un nuevo estudio publicado en Oecologia, las plantas pueden oír el peligro y responder con el lanzamiento de una defensa química.

De estudios anteriores, sabemos que las plantas responden al viento, al tacto y a la energía acústica. “Estamos tratando de pensar en el medio ambiente acústico de la planta y lo que podría estar escuchando”, dice Rex Cocroft de la Universidad de Missouri, Columbia.

Imitar la vibración de las orugas

Este es el primer ejemplo de plantas que responden a los sonidos de vibración ecológicamente relevantes (es decir, de depredación). El equipo de Cocroft colocó un pequeño trozo de cinta reflectante en una hoja; de esa manera con el uso de un haz de láser pudo medir los movimientos de la hoja mientras la oruga masticaba.

Después grabaron los sonidos vibracionales aparentemente inaudibles del mascar de la oruga. Se utilizaron “actuadores piezoeléctricos”, que son altavoces diminutos que emiten vibraciones en lugar de ruido aéreo. “Es un proceso delicado imitar las vibraciones de la oruga mientras se alimenta de la planta, ya que la superficie de las hojas solo vibra hacia arriba y abajo por cerca de 1/10 mil de pulgada,” explica Cocroft. “Pero podemos conectar un ‘actuador’ a la hoja con cera y con mucha precisión reproducir un segmento de la alimentación de la oruga para recrear una típica sesión de alimentación de 2 horas.”

La defensa de las plantas

En el experimento dejaron que las orugas de mariposa de la col coman alrededor de un tercio de las tres hojas de cada planta. Dieron las plantas de 24 a 48 horas para responder al ataque, después de lo cual se cosecharon las hojas. “Nos fijamos en los glucosinolatos que tienen propiedades anticancerígenas y en las antocianinas que dan al vino su color tinto” dice Cocroft. “Cuando los niveles de estos son más altos, los insectos simplemente no comen esa planta”.

Las plantas con exposición previa a la imitación de las vibraciones de alimentación de las orugas, liberan mayores cantidades de glucosinolatos, un producto químico poco atractivo para los insectos.

Oír el peligro.

Cabe destacar que las plantas expuestas a las vibraciones de viento o diferentes sonidos de insectos no aumentaron sus defensas químicas: parecen detectar la diferencia entre las vibraciones de alimentación y otras fuentes comunes como el viento.

“Esta investigación demuestra que las plantas tienen muchas de las mismas respuestas a las influencias externas que tienen los animales, a pesar de que las respuestas sean diferentes”. El equipo está trabajando en encontrar el mecanismo por el que estas vibraciones son detectadas por las plantas.

Hace dos años Mordecai Jaffe, de la Universidad Wake Forest en Carolina del Norte, construyó un instrumento que puede trinar a distintos volúmenes, y que al hacerla sonar alrededor de 2 kilohertz, que es más o menos lo mismo que la voz humana, y entre 70 y 80 decibeles, que es un poco más fuerte que el hablar, observó que una planta de guisante enana dobló su crecimiento. “También observamos que en semillas viejas de rábano, que se habían mantenido en refrigeración, aumentaba la germinación”, dice Jaffe. Normalmente germina el 20% de las semillas, pero en esta experiencia germinó el 80%.

Jaffe sospecha que la hormona vegetal llamada ácido giberélico, que normalmente hace crecer las raíces y también germinar la semilla, está comprometida en esta respuesta de “oído”. Ello porque cuando en otra experiencia Jaffe inhibió la producción de esta hormona, no se produjo el efecto. “Pensamos que el sonido induce la producción de ácido giberélico, y debido a ello se incrementa el crecimiento y favorece la germinación”, dice Jaffe. Se sabe que el ácido giberélico se sintetiza en las hojas de las plantas, por lo que parece lógico pensar que allí estarían los receptores para el sonido.

Esto significaría que las antiguas historias que cuentan que al hablarle a las plantas, éstas crecen mejor… Según Jaffe, para conseguir esto habría que sentarse al lado de la planta y hablarle por muchos días, por lo que no seria práctico. Pero en todo caso, como precaución, si tiene un secreto, no se lo cuente a nadie delante de una planta.

Todo ella está cambiando completamente el concepto que teníamos de las plantas. No seria raro que también tengan inteligencia.

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