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Según el FAIRR los países que quieran reducir sus emisiones de carbono tienen que empezar a pensar seriamente en disminuir su población bovina y al mismo deben establecer un impuesto a la carne de res para reducir sustancialmente la huella de carbono. La cantidad de Gases de Efecto Invernadero por actividades agrícolas (GEI) de los 10 países más contaminantes equivale a 1.6 billones de barriles de petróleo, entonces aumentar el costo de la carne de res a través de un impuesto obligaría a los consumidores a cambiarse de proteína.Este tipo de impuestos ya está siendo estudiado en Dinamarca, Alemania y Suecia (aunque ninguna se ha concentrado como policía pública). El estudio menciona cinco consecuencias del consumo de carnes: emisiones de gases de efecto invernadero, incremento en la tasa global de obesidad, amenaza a la disponibilidad del agua y el alimento y el aumento de la deforestación.Hace once años, la FAO advertía sobre el papel de la ganadería y el consumo de carne en la emisión de gases de efecto invernadero. En su informe “La larga sombra del ganado”, esa organización calculó que las vacas son responsables del 18% del CO2 emitido a la atmósfera. No es este gas el que emiten las vacas. Son responsables del 65 por ciento del óxido nitroso que emiten las industrias. Es un gas con un potencial de calentamiento global (GWP, por sus siglas en inglés), 296 veces la del CO2, aunque su cantidad es muy inferior. La mayor parte, además, es emitida por la naturaleza sin intervención humana. El ganado es también responsable del 23 por ciento de las emisiones de metano (23 GWP) inducidas por la actividad del hombre. También calculó que en la actualidad, según el informe, el ganado utiliza el 30 por ciento de la superficie de la tierra, la mayor parte de la cual está destinada a pastos.

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