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Únicamente 21 escalones separaban la cotidianidad de fuera de la total introspección auditiva que se vivía dentro. La caja negra, suspendida sobre las cabezas de todos, como no importándole el peso energético que despedirían nuestros pies en el apogeo de la noche, abría de par en par sus puertas dando inicio a la correspondiente dosis musical de aquel sábado. Adentro, un cubo a rojo y negro donde el espacio entre las partículas del aire era ocupado por vibraciones producto del constante movimiento de la gente que desde temprano empezó a congregarse en la pista como buscando respuesta a una pregunta repetitiva dentro de sus oídos.

Las horas pasaban tan rápido como las palpitaciones de ansiedad en el pecho de todos los asistentes. Divergent, artista local, se incorporaba en el dj booth dejando tras de sí un set impecable. Con sonidos robustos y envolventes atrapó la atención de todos llevando a picos altísimos de conexión la energía del público con su música, dejando el lugar en el clímax perfecto para con un efusivo aplauso dar paso a lo que podría considerarse una de las mejores sesiones de techno que ha tenido nuestra ciudad.

“Tuvimos algunas fallas con la mesa, se saltaban las agujas mientras las manipulaban, aunque, la gente al notar los errores técnicos solo se limitaba a apoyar aún más a Adriana. Al final, una sola de las tornamesas pudo funcionar y para nosotros esa fue la gloria. Por un breve momento dejamos de lado el ajetreo que conlleva un evento y solo nos dedicamos a disfrutar de Adriana, de su música que nos llamaba; No hay palabras para describir la materialización de uno de nuestros logros” -Resistencia Superlativa.

Con las ansias escapándose por los poros, preparaban articulaciones, llenaban los pulmones de aire y en la que quizá haya sido la más fuerte exhalación de sus vidas se entregaron, todos los allí presentes, durante las siguientes tres horas a la magia oculta detrás del sonido agreste de una de las invitadas más emblemáticas que ha tenido la ciudad.

A las 3:00 am en punto tras el escenario y entre tanto rojo, como una revelación de antaño Adriana Lopez retorna a nuestra ciudad, trayendo consigo más de 15 años de evolución musical desde la última vez que pisó suelo cucuteño.

La música y los cuerpos vibraban siendo uno, como ignorando las líneas que dividen el todo, como entremezclándose los colores de los bajos con las pisadas repetitivas de los asistentes. Un set perfecto donde Adriana incluyó un amplio repertorio de producciones propias, donde los oyentes y ella hablaron el mismo lenguaje por tres horas consecutivas y donde, la conclusión unánime es que no hay palabras y sí mucho agradecimiento.

Hubo silencio, las 40 almas que quedaban aplaudían tremendo debut y mientras algunos salían del lugar otros murmuraban entre el público una última canción. Las luces se encienden, las puertas se abren y entre los oídos se cuela una interferencia que deja la duda dibujada en las caras de todos. El sonido se repite varias veces. Muchos de los que habían salido se regresan, por el mismo camino.

– ¿La última se puede o no?

La RAE define Euforia como la sensación exagerada de bienestar que se manifiesta como una alegría intensa, no adecuada a la realidad. Ciertamente el término se queda corto para describir los segundos después que se escuchó la voz de Adriana.

Sever the signal de Orphx nos hizo a todos los que estábamos en ese lugar uno solo con la música. Hizo de todo un incesante conjunto de flashbacks que enmarcan momentos aleatorios de cuando unos tantos doblegaban la misma esencia en la pista. Lo percibido durante este cierre permanecerá en la memoria auditiva de unos cuantos que se quedaron hasta el final.

Adriana Lopez hizo lo que quiso con nosotros en Cúcuta, sin duda alguna… ¡nos encantó!

Aquí, un fragmento de la noche:

 

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