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Topología de Posibles Futuros: Hacia una Humanidad Emancipada

Topología de Posibles Futuros: Hacia una Humanidad Emancipada

El sentimiento actual de las sociedades modernas vibra palpitante en el ambiente, la ansiedad y la depresión por los cambios abruptos en diferentes esferas han hecho que algo sea seguro: el tipo de sociedad en el que vivimos esta a punto de venirse abajo. 

Esta sociedad construida desde y para el deseo constituye uno de los problemas mas especiales a los que se enfrenta el humano contemporáneo, la construcción de una identidad propia basada en signos exteriores y materiales que difieren del entendimiento de si mismo como parte fundamental de la naturaleza. El nuevo culto del siglo se llama deseo y es allí donde se están construyendo los mas grandes monumentos: entretenimiento, moral y propiedad. 

Por una parte, el entretenimiento se convierte, tal vez, en el santo con más devotos, millones recurren a sus milagros y se pierden en su encanto; el entretenimiento puede erigirse como uno de los pilares sobre los cuales se fundamenta la humanidad para darle sentido a su existencia, desde los ritos, danzas, tradiciones orales y formas de arte, este monumento ha brindado su cobijo al entendimiento del entorno, pero ahora, esta figura es omnipresente y casi que es inseparable de las actitudes consumistas, donde se ingiere como si fuera comida rápida y poco se cuestiona sobre su procedencia, el entretenimiento, se ha convertido en una bestia indomable y salvaje a la que todos terminan rindiéndole tributos, y quien no, se vuelve su vasallo ayudándole a devorar a los fervientes creyentes que en su mayoría, están a ciegas. 

La moral, por otra parte,  constituye aquí una espada de dos filos, la sociedad ideal imaginada por los estados versus la sociedad ideal imaginada por el individuo. Bien decía Nietzsche que “donde termina el estado allí comienza el arcoíris” para el ser que no es superfluo. Es el estado quien constituye los planos morales de las sociedades de las que se encargan pero es el individuo quien ejerce estas actitudes haciendo que tengan un sentido, se ha visto que quien se opongo a estos códigos morales impuestos puede ser aislado, violentado y censurado por los monstruosos mecanismos del estado, que con sus garras ejerce tanto poder que la definición del deseo se construye desde la manipulación para guiar hacia un consumismo voraz y sin cuestionamientos. 

El último monumento es la propiedad que en su relación con el sentido del deseo se ha transformado en un mecanismo para marcar las diferencias y poner barrerar a lo que se considera “la otredad”. La propiedad viene en el mismo marco de la pertenencia donde el sentido individual se completa con la obtención de bienes materiales a los que se puedan denominar como “míos”, pero esta tendencia de la propiedad se puede vincular con casi todo el entorno que nos rodea, pues las relaciones humanas también se vinculan con estos estratos de propiedad donde unos piensan ejercer poder sobre otros en busca de sus propios beneficios personales. Es en ese relacionamiento donde la propiedad, específicamente la privada, recorre unos caminos enredados y extensos con la figura del deseo. 

La sociedad actual se esta cayendo pero la que se construya a partir de ahora se le hace necesario construir una nueva política del deseo. Aquel ser que no es superfluo como lo menciona Nietzsche es aquel ser que se ha podido liberar de las cadenas que lo limitan, es aquel ser que puede construir un pensamiento propio y una moral propia alejada de los códigos impuestos. Se hace necesario matar a los ídolos dentro de la psique para que pueda surgir la propia voz, la propia mirada. 

Tolstoi, ávido pensador del anarquismo pacífico, entiende éste como un movimiento, un estilo de vida donde ese microestado llamado “yo” se relaciona conscientemente con la naturaleza y comprende el sentido de responsabilidad con este mismo entorno como colectividad. 

De pronto esa sociedad venidera que se podría levantar de las ruinas, comprenda el deseo como un entendimiento de ciertas renuncias individuales para construir la sociedad del futuro, un lugar donde el individuo que no es superfluo comprenda que su lucha interior esta relacionada con la responsabilidad colectiva de sanarnos, tal vez allí este el arcoíris del que hablaba Nietzsche.