“Los niños de hoy son los menos responsables del cambio climático pero son ellos y sus hijos los que tendrán que vivir con sus consecuencias. Y, como suele ser habitual, las comunidades más desfavorecidas se enfrentan a las mayores amenazas”.

El cambio climático cada vez afecta a más personas en el mundo. Pero si hay alguien que cada vez va a sufrir más las consecuencias del calentamiento global esos son los niños, sobre todo los que viven en condiciones de pobreza extrema. Millones de niños viven actualmente en zonas muy expuestas a los efectos del cambio climático. Más de 500 millones se sitúan en lugares muy propensos a sufrir inundaciones y alrededor de 160 millones viven en países donde las sequías son cada vez más habituales.UniCef lanzó el informe “A no ser que actuemos ya” en el que señalaron la importancia de tomar decisiones de cara a la Cumbre de Cambio Climático de París (COP21). Los cambios en el clima intensificarán las sequías, las inundaciones y las olas de calor que, a su vez, incrementan la propagación de los peores enemigos de la supervivencia infantil como la desnutrición, la malaria o la diarrea. Cuanto más ambiciosas sean las acciones para frenar el calentamiento global, más niños escaparán de sus terribles efectos. Sin embargo, también hay que establecer un plan de acción frente a las consecuencias que pueden tener las emisiones de dióxido de carbono que ya se han producido hasta ahora.

El aumento de las temperaturas alimenta el hambre y la desnutrición, un aumento en la escala y el alcance de las enfermedades infecciosas y una creciente frecuencia de eventos climáticos extremos, mientras que la contaminación del aire se ha vuelto tan mortal para el pulmón humano como fumar tabaco. El aumento de las temperaturas, el calentamiento de las aguas, los cambios en los patrones de lluvia y los altos niveles de humedad facilitan la propagación de bacterias que conducen a enfermedades diarreicas como el cólera, y también crean condiciones ideales de reproducción para los mosquitos portadores de malaria o dengue.

Fuente: El Espectador

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