A los habitantes de Chinata, vereda de Puerto Lleras, en el suroccidente del departamento del Meta, nunca se les había ocurrido fotografíar su laguna desde el aire. Para darla a conocer en el resto del país, las únicas imagenes que tenían eran tomadas desde la orilla. Pero un día de julio del 2018, un periodista de la Gobernación elevó su drone sobre el cuerpo de agua de 95 hectáreas y todos notaron lo mismo en el inédito paisaje: “Se parece al mapa de Colombia”.

La vereda que hasta hace más de una década fue un territorio oculto y ocupado por las Farc, hoy es un atractivo turístico que puso de nuevo en el mapa la riqueza natural de Puerto Lleras.

Llegar hasta Lomalinda era impensable durante el conflicto armado.  Era poco probable que la gente pensara salir de turismo a una vereda como Chinata. La comunidad desplazada, originaria de la región, no se atrevía a regresar. Los pocos que volvían trataban de rescatar lo que quedaba de una vieja ciudadela.

Veinte años atrás, en ese recóndito lugar, habitaba una comunidad estadounidense, eran 120 familias que migraron a Colombia en 1966 para evangelizar a las étnias del país. La congregación cristiana firmó un convenio con el Estado y así se apropiaron de Lomalinda durante dos décadas. Allí construyeron iglesias, colegios, casas y una pista de aterrizaje. Era prácticamente una república independiente.

El Instituto lingüístico de Verano (ILV) seleccionaba por grupos pequeños a las etnias. Una vez reunidos, les traducían la biblia a su lengua y posteriormente era regresados a sus comunidades para replicar el mensaje. Pero tras 34 años de enseñanza y obras sociales, hacia los años 80, comenzó a hacer presencia continua en la vereda. Empezaron los secuestros, las torturas y los desplazamientos.  Los gringos abandonaron la zona y el terreno, que practicamente quedó huérfano, comenzó a deteriorarse.

Hangar lomalinda I.L.V década de los 80 (izq.)©Cooperativa Multiactiva Ecoturística Lomalinda.

A finales de los años 90, el bloque oriental de las Farc destrozó las viviendas, colegios y edificaciones que los gringos habían dejado.

Cuando el Ejercito recuperó el territorio, luego del cambio de milenio, muchos pudieron regresar a las riveras de Lomalinda. La comunidad tomó la iniciativa. Doce familias víctimas del conflicto armado se capacitaron en atención al servicio al cliente,  manejo de residuos sólidos, emprendimiento e innovación, avistamiento de aves y ecoturismo sostenible. Con el paisaje ahora a disposición, lograron convertir la vereda en un espacio de recreación y a la vez de reconstrucción de memoría historica de Lomalinda.

“Reunimos todos los atractivos turísticos y comenzamos a crear videos promocionales que estamos lanzando para que la gente venga y conozca Lomalinda. Dentro de eso también destacamos la forma de la figura del mapa de Colombia de la laguna”,  contó Héctor Castañeda, habitante de la zona y miembro de la cooperativa Coomecol.

Por su gran diversidad paisajística y cultural, hoy en día es conocida como una zona de importancia ecoturística, que promueve el desarrollo y la economía del municipio. En septiembre del 2009, Cormacarena, entidad protectora ambiental, declaró a la singular laguna como reserva hídrica y área protegida. Y en 2011 fue declarada ‘Parque Natural Regional Lomalinda’.

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