Cuarentechna: Entérate de todo sobre el Covid-19 aquí

La historia de la música respalda su esencia Underground

Para hablar sobre la historia de la música es necesario profundizar en nuestra historia, en la historia de la humanidad. Sociólogos e historiadores comparten la idea de que hace más de cincuenta mil años las primeras migraciones de grupos africanos hacia los diferentes territorios del mundo llevaban consigo cánticos e instrumentos primitivos exaltando manifestaciones culturales que los diferenciaría del resto de los seres vivientes que habitan este planeta. En un principio los ritos para la vida y la muerte eran los espacios afortunados que resguardaban la magia del sonido, luego los rituales para la caza y la guerra reclamaron el honor de presenciar un encantamiento acústico que terminaría siendo representativo en las festividades del fuego, el agua y los buenos tiempos que ameritaban danzar hasta el desvanecimiento; por ende música siempre sería igual a movimiento y por ello vida, y el silencio reflejaría quietud y definitivamente muerte.

neønymus - ecos de la Prehistoria

Ese lazo entre hombre y música sería sellado para el resto de la historia, la naturaleza haría los primeros pinos de esta alianza, al igual que las resonancias emergentes del propio cuerpo homínido. La música comenzó entonces como la exteriorización de los sentimientos y como medio de comunicación de lo etéreo, lo abstracto y lo real.

En Egipto por ejemplo canonizaron las melodías resguardándolas únicamente a estamentos de poder para respetar toda su concepción, después en Mesopotamia un músico se percibía como alguien prestigioso y honorable entre una multitud; simultáneamente en Grecia la palabra música remitía a “Medicina para el alma” hasta llegar al pensamiento Romano donde la vida bohemia somete al sonido a fiestas paganas con grandes excesos. Mientras tanto oriente se encargaba de teorizar y contextualizar de una forma objetiva y simétrica cada nota musical, elevándola casi a una ciencia exacta. El recorrido acabado de mencionar se unificó principalmente a una expresión sagrada, tanto fue así que la música se instauró específicamente en cultos cristianos donde se alababa con tonadas a un Dios omnipotente y todopoderoso que dominaba la razón de las mayorías.

El teocentrismo se apropió en gran medida de la música pero le contribuyó al facilitarle espacios y medios para su evolución natural, hasta un renacimiento de sinfonías que vendría con toda una libertad de expresión e inspiración artística. Por ello en Europa se proyectaría la proliferación polifónica con artistas irreverentes que no aceptaban el dogma musical eucarístico y con desparpajo, gran brillo y fuerza rítmica su música adquirió un carácter extrovertido. Las melodías compuestas comenzaban a incursionar de una forma lábil en los sectores populares pero continuaba con la misma fuerza al servicio religioso y de las altas cohortes pues el clasismo sectorizaba la música de vanguardia. Este fue uno de los periodos más ricos, fértiles, creativos y revolucionarios de la historia de la música puesto que se desarrollaron novedosas formas de simetría y se formalizaron grandes avances técnicos tanto en la composición como en la presentación sonora. La ópera por ejemplo se fomentó como significante de la perfección humana, llevando incluso a algunos propagandistas de la teoría musical a la locura. Alemania e Italia eran el nuevo orden acústico exponiendo armonía, estilos y texturas hasta establecer el sistema tonal como consolidación sistemática. Además algunas guerras ideológicas de la época favorecieron a la generación ilustrada para envolverse en un nudo idílico con los melómanos.   

En este punto comienza la ruptura entre toda esa tradición musical con componentes comunicativos emocionales, su lado sagrado y espiritual, para llevarla a lo cómodo, lo fácil de asir y lo pobre en creatividad. Una de las razones principales de esto fue la incursión de un modelo que dominaría al mundo hasta nuestros días, el capitalismo, que aunque pretendía en sus inicios perpetuar al clasismo musical, no pudo contener la necesidad de escucha de los espacios populares que claramente por su posición social no conocían la ciencia y el desarrollo de la acústica, y en su mayoría, se dejaron llevar por la notas más comprensibles o comunes; llegando al punto de que lo elemental irrumpiera en el panorama global y enfáticamente en las masas populares que empezaba a rechazar lo compuesto.

Por su parte, grupos numerosos de músicos con tradición y formación permanecería, algo que facilitó la construcción de algunas estructuras clásicas y el desarrollo de presentaciones con afecto, adhesión y entrega al sonido. Incluso la investigación sonora se fomentó como pieza esencial para los intérpretes que desplegaban nuevos instrumentos entre océanos. No obstante la música continuaba su alienación con el poder, ahora los regímenes nacionalistas que se aprovechaban de su estatus, otorgaban privilegios a las sinfónicas para exigirles a sus autores producciones vanguardistas que los posicionara sobre sus enemigos. Aun así todo tiene su lado positivo, de nuevo estas competencias generaron una revolución creativa del timbre pero sobretodo de lo atonal.

Lo emocional y el amor al arte reclamaban su dominio sobre la música pues definitivamente esta nació de ese sentir; la imaginación permitió una renaciente fase artística denomina atonal, puesto que había una escisión con las técnicas convencionales, algo que hacía de la música un reflejo experimental e innovador que permite consagrar ritmos, colores y formas futuristas. Esa técnica no era algo nuevo ya que se conocía desde la era barroca pero cortó una práctica tradicionalista de trecientos años. Ese villano intruso que venía merodeando sobre el dominio por derecho que tiene la pasión del arte por la música, se apoderaría de la mayor parte de ella, es decir, aquello comercial y el auge de la masificación acústica que hacía presencia en las clases medias y en las regiones populares seducidas ahora por los medios de comunicación masivos que impuso lo light y lo que no requería muchas veces de esfuerzo cognitivo; esta una tarea demasiado fácil debido a la inequidad en la educación y a los avances tecnológicos surgidos en sucesos como la guerra fría que permitieron producir sonidos ahora conectados con los sistemas de recompensa en el cerebro humano acrítico.

UNSPECIFIED -- CIRCA 1986: Austria -- 19th century. Franz Joseph Haydn (1732-1809) conducting a string quartet. (Photo By DEA / A. DAGLI ORTI/De Agostini/Getty Images)

Algunos músicos se dedicaron entonces a las líneas, ritmos y timbres convenciones que se alejaron cada vez más de los orígenes tradicionales de la música ¿Y quiénes representaron esta forma burda de hacer melodías? Exponentes que poseían una de estas cuatro características:

  1. Buscaban hacer música de una forma fácil y sin el mayor esfuerzo
  2. Tenían necesidades económicas y encontraron allí una forma cómodo de hacer dinero
  3. Querían ser el centro de atención y alcanzar fama
  4. Desconocimiento musical

En el revés de la hoja y respetando toda esta historia que hemos narrado se encontraban los músicos serios cosechando identidad  y con ello vanguardia con miras hacia un sonido que perdurara en el tiempo; claramente convertían a la música en algo más abstracto que sólo un público curioso lo interpretaría. Era un concepto complejo que no cambiaba arbitrariamente sino que se iba convirtiendo en estructuras y armonías, un hecho que contribuiría a la industrial del verdadero arte pues la música cargada de desarrollo y compuesta desde un sentido originario que normalmente se difundía en espacios académicos o de poder, se trasladaría a lugares segregados o alternativos con personas exigentes de creatividad y calidad. Si bien la música orientada a la masividad permitió que las melodías llegaran a las partes más recónditas del planeta, es tiempo de cuestionarnos sobre el dominio vulgar y parcializado que algunos estamentos económicos le confieren al sonido.

Por: Daniel Tamayo Mendoza