La guerra de la papa y la revuelta boyacense

papa boy

El paro nacional campesino está en curso y constituye una formidable y potente expresión de rebeldía social contra el neoliberalismo y sus Tratados de Libre Comercio destructores de la economía agraria nacional.

No obstante que el señor Santos se empeña en desconocer la manifestación popular, convoca reuniones en la Casa de Nariño para desactivarla y reprimirla con el ESMAD, a punta de bala y atropellos violentos.

Para Santos el paro no existe. Parece estar en Babia o en la luna.

Procede como Uribe Vélez quien decía que en Colombia no existía el conflicto social armada entre la guerrilla y el Estado. Le entró el autismo de siempre de la clase gobernante colombiana.

Para demostrarle que la inconformidad es real e involucra a miles de colombianos, ayer el pueblo boyacense se volcó a las calles y más de 30 mil personas protagonizaron una gigantesca manifestación en Tunja, la capital del departamento. Pidieron una política agraria justa para los paperos, lecheros y fruticultores.

Esa demostración es parte de la prolongada resistencia de los labriegos boyacenses como integrantes del paro nacional agrario, que va completar 10 días.

Los campesinos de dicha región, como los de Nariño y Cauca, han sido el pivote de la “guerra de la papa” y de la revuelta popular que exige soluciones a sus graves problemas.

El alzamiento boyacense es muy sintomático de lo que está ocurriendo en Colombia hoy y que Santos ridiculiza con su tono despreciable de oligarca reaccionario. Boyacá ha sido tradicionalmente una región tranquila donde predomina la pequeña propiedad y el conservadurismo social. Desde las épocas de la independencia en 1810, sus habitantes siempre se ponían al margen de las rebeliones plebeyas. Hoy los tenemos al frente de la protesta y la movilización aguerrida contra el régimen dominante de unas pequeñas élites antidemocráticas, colocadas delante de una crisis muy profunda de sus sistema político.

Sigue la lucha de los colombianos por la justicia, la equidad y la paz sin neoliberalismo.

Fuente: prensarural.org/