Hace cuatro años surgía Liminal, una agencia que, como toda empresa independiente que se lanza en un mercado poco estructurado como el nuestro, poseía una propuesta tan sencilla como ambiciosa: ofrecer algo más que un servicio a la nueva generación de talentos que venía granjeando su debido espacio en un escenario limitado, pero también algo más que  oportunidades de negocios para los clubes, fiestas y festivales que se desarrollaban en su interior. Lo que se pretendía era establecer un nuevo tipo de relación propiamente dicha, una que trascendiera trámites comerciales y simples planes de carrera y sostuviera en una relación más orgánica, compleja y completa. La simplicidad original parece haber prosperado y la ambición inicial parece haber rendido buenos frutos, ya que la empresa creció y mantuvo su empuje inicial hasta el punto de establecerse entre las principales iniciativas que mueven el mercado regional actualmente.

Ahora, la agencia es responsable por la curaduría artística de DGTL en su edición de São Paulo, y todavía se reserva algunos de los mayores nombres del panorama house/techno mundial. Todo encabezado por su fundadora, una brasileña que ya acumula un bagaje respectable de experiencias que la colocaron en prácticamente todos los sectores del gran maquinário profesional que pone la escena en movimiento – excepto detrás de los controles en la cabina.

Aquí, la CEO Larissa Correia habla un poco más acerca de qué hace, cómo y por qué lo hace. Aprovechando también para revelar cómo sus esfuerzos lograron poner a Liminal en una posición de éxito comercial, relieve artístico y reputación en relativamente poco tiempo.

Cuidar de un aspecto tan central para un evento del tamaño del DGTL implica muchas apuestas, aún más cuando se trabaja tan de cerca con la circulación de artistas que son la parte central de él. ¿Es tan complejo atender al mismo tiempo esferas que a veces se ven hasta contradictorias?

Mi trabajo siempre ha involucrado todas estas dimensiones de las relaciones entre el artista y el evento, por lo que es más fácil tratar con posibles fricciones. Sin embargo, por mi experiencia, sólo surgen si usted deja que aparezca. Por lo tanto, basta con evitar el mantenimiento de las condiciones que crean fricciones o conflictos que los riesgos implicados en estas apuestas se reducen, especialmente los innecesarios. Por supuesto, esto parece simple decir así, pero de hecho cuando usted se atenta a las necesidades de los artistas y los clientes de una manera directa y franca, es realmente más fácil. No tiene como agradar a todo el mundo y las frustraciones son algo esperado, pero neutralizar expectativas es la esencia de todo.

¿Decir que incluso no haciendo directamente la curaduría de las otras ediciones del DGTL, Liminal ayudó a montar las escalas a través de la de São Paulo?

Sin ninguna duda, pero principalmente porque fueron casos de éxito que establecieron un benchmark a ser seguido.

¿Y qué factores fueron determinantes para este éxito?

Por supuesto que fundamentalmente es una cuestión de curaduría. Cuando se hace un evento musicalmente circunscrito como ese en la periferia del mapa global de los géneros que incluye, pero no es tanto una cuestión de qué, sino de cómo. Eso implica una mezcla coherente de estilos que genera una cierta expectativa en un público que, después de todo, es exigente, justamente porque tiene una mejor noción de lo que quiere, porque conoce la música. También aquí los horarios cuentan mucho… Es todo parte de una alquimia muy delicada.

Creo que es esencial estar al tanto de la alta competitividad del mercado y, por eso, tratar de ofrecer algo nuevo. Hay una falta de diversidad en un ejército de artistas que son social, cultural, étnica y sexualmente homogéneos que también hacen cosas aún más similares, por lo que siempre es provechoso tratar de introducir algo que, al menos, esté lejos de la gran mayoría.

Usted habló de su experiencia como un asset, así cabe preguntar: ¿qué de hecho la hizo en el transcurso de esos años en que ya actúa en el área?

A los 20 años de edad ya estaba al mando de un club de relativo éxito en Río de Janeiro, en una época mucho más ingenua de la escena, con un mercado bien menos estructurado y una coyuntura hasta más árida que esa en que nos encontramos hoy. Cuidaba de la programación, administración y del marketing de la casa mientras intentaba conciliar todo con dos cursos superiores. Después de que pude dedicarme full time, fui aprendiendo de forma exponencial y ganando mi espacio en el ramo.

De ahí fui a Europa, trabajé allí en una discográfica. Me volví a Brasil y quedé en D-EDGE, cuidando de la recién creada D.Agency; me envolví con los proyectos de Innervisions / Lost In A Moment; asumí los bookings internacionales del colectivo ODD, cuando entonces decidí fundar la agencia y llegué a este momento con Liminal.

Esta trayectoria generó una formación mucho más práctica que es curioso ver todavía prevalecer, siendo que Liminal puede ser encuadrada en una tercera generación de agencias en el mercado, ¿no? ¿La falta de mano de obra calificada sigue siendo un problema?

Ya no da ni más para llamarlo de carencia, pues ya puede ser considerada un problema estructural de nuestro mercado por haber perdurado ya por tanto tiempo. Y si consideramos que este no es tan joven o incipiente como ya fue, es cierto que la gente aún es muy cruda. Es aún más alarmante cuando uno piensa que no hay una escuela de capacitación de agentes en esta área comercial. Y aquí me refiero a entretenimiento, que es algo curioso en un país como Brasil, cuya vocación hedonista es celebrada y hay una reputación mundial de nuestras festividades sazonales.

También hay algunos factores adicionales que han obstaculizado el desarrollo de generaciones de profesionales debidamente capacitados, como el monopolio prevaleciente en etapas anteriores que se reflejó en este escenario actual, donde los buenos profesionales van a ser dueños de su propia agencia. En otros tiempos no había mucho espacio para que la gente se fuera a aventurar y esto resultó en esa rigidez actual.

¿Cuál sería el consejo pertinente que podrías dar para quienes aspiran a la profesión?

Creo que vale la pena estar realmente dispuesto a convertirse en estudiantes, adentrarse abiertos a una infinidad de experiencias y aprendizajes que no siempre serán agradables, pero seguro que serán todos positivos. Si les falta este elemento esencial, recomiendo elegir otra área …

¿Y para que los futuros DJ y productores se aventuren en este medio profesionalmente?

Creo que es esencial estar al tanto de la alta competitividad del mercado y, por eso, tratar de ofrecer algo nuevo. Hay una falta de diversidad en un ejército de artistas que son social, cultural, étnica y sexualmente homogéneos que también hacen cosas aún más similares, por lo que siempre es provechoso tratar de introducir algo que, al menos, esté lejos de la gran mayoría.

Aquí vale la pena tener suficiente conciencia y audacia para escapar de las fórmulas exitosas que, después de todo, siempre terminan quedando obsoletas cuando se adoptan en este estado ya trivial y rutinario que funciona para una masa, pero no son duraderas.

Entrevista por Francisco Cornejo.

No more articles