Un artículo publicado en Dazed, firmado por el periodista Zak Hardy, plantea un debate que sacude a la industria de la música electrónica: mientras los DJs de cartel cobran cifras millonarias, los venues pequeños y los promotores independientes apenas logran sobrevivir. Los artistas más importantes están acudiendo en masa a conciertos corporativos, festivales y megaclubs, como The Warehouse Project en Manchester, donde los promotores pueden ofrecer honorarios enormes. Se rumorea, por ejemplo, que a Fred Again se le paga hasta 1 millón de libras por concierto. cifra que ilustra la brecha entre las grandes producciones y las fiestas de base. El texto recoge testimonios de figuras de la escena británica: Hannah O’Gorman, cofundadora de la promotora NOSSA! en Manchester, describe la fragilidad financiera de organizar eventos pequeños, mientras el DJ Rishi Bagdai, conocido como Brown Excellence y curador del festival Outlook, advierte que muchos clubes de mediana capacidad han desaparecido, cerrando el camino que antes permitía a los artistas foguearse antes de llegar a escenarios masivos.

En Colombia el fenómeno también resuena, aunque con matices propios: ciudades como Medellín y Bogotá vieron cerrar clubes históricos —recordados con nostalgia por escenas locales— mientras la escena actual se sostiene en espacios como Kinder, Octava, CincuentaCincuenta,Xero o Video Club en Bogotá. La discusión planteada sobre exclusividad y honorarios de superestrellas encuentra eco en un país donde el crecimiento de festivales y producciones internacionales convive con la fragilidad de los promotores independientes, que dependen de aforos reducidos y presupuestos ajustados para mantener viva la cultura de club fuera de los grandes carteles.


