En los últimos 50 años el aguacero de basura espacial ha sido constante, la Nasa ha registrado una media entre 50 y 100 toneladas al año de piezas caídas; casi siempre en el mar, que ocupa el 71 % de la superficie terrestre o en las zonas poco pobladas. Nadie se preocupó por lo que pasaría con los satélites cuando se les acabara el combustible, sufrieran un accidente o simplemente dieran por finalizada su misión. Se trata entonces de pedazos de basura espacial que reentran en nuestro planeta, fragmentos de entre unas decenas de centímetros y cuatro metros de diámetro.

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Tras seis décadas de carrera espacial y más de 7.000 aparatos enviados al universo, esa dejadez tiene una consecuencia evidente: muchos se quedan allí, acumulándose en un vertedero flotante. Como un descomunal enjambre, hoy rodean el globo unas 7.000 toneladas de desperdicios, en parte satélites completos y en parte fragmentos resultantes de explosiones y choques, así como piezas de los cohetes con los que se propulsan. A ellos se suman, en el gran basurero que nos rodea, los micro-meteoritos de origen natural. Cuantos más satélites se envían al espacio, más basura se genera. En su deriva a velocidades de vértigo, estos residuos ponen en peligro tanto la seguridad de los aparatos en servicio como la viabilidad de las futuras misiones. Para mitigar el problema, países como Reino Unido y Japón están probando tecnologías con las que limpiar el espacio. Además, en paralelo al catálogo que EE. UU. lleva décadas elaborando para hacer un seguimiento de los objetos y alertar de un peligro de colisión a los satélites operativos, la agencia europea está desarrollando una iniciativa similar: un proyecto para la vigilancia y control de restos de basura llamado SST, que cuenta con una importante participación española.

El 70 % de los desperdicios se aloja en una franja del espacio que se extiende entre los 200 y los 2.000 Km de altura. Es la llamada LEO, órbita baja que rodea a la Tierra. “Es donde vuelan los satélites que mapean el planeta para la agricultura o la observación del cambio climático” la basura no solo pone en peligro al equipamiento, sino a las personas. A pesar de las enormes distancias con las que se juega en el espacio, se han llegado a tomar fotografías de residuos espaciales “pasando al lado de centro de investigación permanentemente tripulado (EEI)EEUU como uno de los principales contaminantes espaciales lleva décadas recopilando datos en un catálogo, en el que han documentado más de 22.000 objetos mayores de 5-10 centímetros, 3.600 de los cuales son satélites enteros y 1.000 se encuentran en funcionamiento. Por debajo de ese tamaño resulta muy complicado detectarlos, pero calculan que sobrevuelan nuestras cabezas unos 500.000 pedazos de entre 1 y 10 centímetros. Los más pequeños, como un grano de arroz o menos, se contarían por decenas de millones.

Fuente: El Colombiano

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