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El material está basado en el cobalto, que le da “precisamente la estructura molecular y electrónica que le permite absorber el oxígeno de su entorno”, afirma McKenzie. “Pequeñas cantidades de metales son esenciales para la absorción de oxígeno, por lo que en realidad no es del todo sorprendente ver este efecto en nuestro nuevo material”.

Según explica la investigadora Christine McKenzie, el material absorbe oxígeno del propio aire. Una cucharada de estos cristales es suficiente para extraer y almacenar todo el oxígeno de una habitación. Hay muchas sustancias que reaccionan con el oxígeno pero lo sorprendente de esta es que no lo hace de manera irreversible, sino que lo almacena en altas concentraciones que después pueden ser liberadas aplicando presión o calor. Su capacidad es de 160 veces la concentración de oxígeno en el aire.

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