Eres Fan?
Share on Facebook
Share on Twitter
+

no-condom-stop-main

En Venezuela, el país de las colas, hasta el sexo sufre en sus propias carnes el declive de la revolución. La escasez de condones y de píldoras anticonceptivas obliga a sus usuarios a hacer malabarismos para poder seguir practicando una vida sexual sana. Todo un reto.

Las colas interminables y el desabastecimiento de los condones en las farmacias locales (una de la cadenas más importantes fue intervenida esta semana y sus dueños, apresados) ha empujado a sus consumidores más ávidos a acudir a las redes sociales. La agencia Bloomberg detalló cómo una caja de 36 preservativos llegaba a cotizarse a 4.760 bolívares, casi un salario mínimo en Venezuela. Su valor depende de la cotización que se emplee: desde 650 euros al cambio oficial hasta 25 si se aplica el cambio negro o paralelo.

Un día a día que se empeña en parecerse cada vez más al de los cubanos, quienes durante 2014 también sufrieron el desabastecimiento de preservativos. En Venezuela hay pocos y de marcas impopulares. La ausencia de los más conocidos provoca quebraderos de cabeza entre los venezolanos, que no se fían de los condones chinos. La historia les da la razón: periódicos estatales de Cuba denunciaron el año pasado que un importante cargamento de condones asiáticos, marca Momento, llegaron a la isla con la fecha de caducidad vencida.

Condones convertidos en globos escolares

La gran demanda local de preservativos sufrió así un impacto que duró meses y que recordó a los cubanos cuando en pleno Periodo Especial de los años 90 un cargamento solidario llegado desde China con un millón de unidades acabó convertido en globos para los colegios. Su longitud era insuficiente para las dimensiones locales.

“Sin condón no podemos hacer nada”, denunció en Caracas Jhonatán Rodríguez, presidente de StopVIH. La organización urge al Gobierno para que agilice los trámites de las empresas importadoras en un país que presenta “el tercer mayor índice de infecciones de sida por habitante de Sudamérica y que también tiene una de las tasas de embarazo de adolescentes más altas del continente”.

Rodríguez también sumó a su petición los métodos anticonceptivos, que se encuentran de manera “muy limitada”. Que se lo cuenten a Ana González, caraqueña de 23 años recién licenciada en Comunicación, quien describe su propio vía crucis a la caza de la píldora. “El martes fui a comprar las pastillas que el ginecólogo me recomendó tomar y, tras visitar tres farmacias, no las había encontrado. Cuando llegué a la cuarta el médico de turno me dijo que tenía otras que eran iguales. Me arriesgué a comprar una caja tras hacer una cola de una hora, y encima para pagar algo que ni siquiera estaba segura que serviría”, relata entre la sorna y la indignación.

La joven confirmó en su casa que el medicamento sí tenía los mismos componentes recetados y decidió comprar más, porque sólo tenía para el primer mes. “Al día siguiente pasé por varias farmacias y no tenían ninguna marca de pastillas. Ayer me acerqué a la misma farmacia. Tal y como me lo esperaba, ya se habían acabado”.

No more articles