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Estas arañas que se comportan de esta forma no construyen redes. Producen pequeños hilillos de seda que ondean hasta que el viento las arrastra.

Muchas veces son hilillos sutiles que nos caen sobre el rostro, otras veces los vemos sobre el parabrisas del coche brillando con el sol, o simplemente caer, con ese brillo particular… son una serie de géneros denominados vulgarmente “arañas voladoras” (ballooning spider, en inglés) que, llevadas por el viento, se trasladan de un lugar a otro: dejan escapar algo de hilo de seda, que a modo de vela, les permite elevarse con ayuda del viento y volar.

En inglaterra también se conocen desde hace siglos, hasta el punto de que allí se las conoce en “Gossamer”, un término del antiguo inglés que parece provenir de un periodo de tiempo cálido a comienzos de noviembre, coincidiendo con aquél en el que se sacrifican los gansos.
En general podemos decir que es a finales de otoño cuando podemos observar este curioso fenómeno.

Esta gran capacidad para volar y colonizar nuevos espacios las ha convertido en los primeros seres colonizadores de nuevos espacios (incendios forestales y otras perturbaciones como erupciones volcánicas, etc.).

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