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Si algo está prohibido, por ejemplo alguna droga, llama más nuestra atención. Esta idea que la cultura popular ha prodigado, ahora se confirma con un estudio llevado a cabo por la Universidad de Columbia (Reino Unido).

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El estudio también sugiere que es más sencillo resistirse a lo prohibido si lo hacemos junto a otras personas en la misma situación. Es decir, si dicha prohibición no permite disfrutar a nadie más. En cuando personas de nuestro grupo sí que disfrutan de las cosas que están prohibidas, entonces nos cuesta más resistirnos a “pecar”.

Este hallazgo confirma la mayor efectividad de las terapias grupales frente a las individuales y facilita el camino hacia el abandono de malos hábitos como fumar o comer en exceso.

El experimento consistió en que un grupo de sujetos examinara imágenes de objetos cotidianos y señalara si eran suyos o de todos y si les estaban prohibidos sólo a ellos o a todos por igual. A través del análisis de imágenes cerebrales y pruebas de memoria, los investigadores observaron que los objetos prohibidos eran reconocidos de la misma forma que las posesiones personales.

Sin embargo, no todo el mundo vive con igual fuerza el deseo de lo prohibido, debido a que hay factores ambientales y genéticos que lo modulan. Por ejemplo, el bioquímico Dean Hamer, del Centro Nacional del Cáncer estadounidense, ha detectado una conexión entre el coraje y el gen D4DR. Los portadores de una versión concreta de éste muestran mayor inclinación por el riesgo y lo prohibido.

Fuente: dev.rpp.com.pe/

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