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El agua tiene gran capacidad para adherirse a superficies sólidas. Primero, por definición, ya que “mojado” significa normalmente “cubierto por una capa de agua”.

Pero, desde el punto de vista científico, mojar se refiere también a la capacidad de un líquido para adherirse a una superficie sólida.

El mercurio líquido no moja mucho puesto que resbala inmediatamente por la mayoría de las superficies.

Esto se debe a que sus átomos no entregan fácilmente sus electrones más externos, de modo que no forma enlaces electrostáticos con otras superficies.

Las moléculas de agua son polares, es decir, poseen un átomo de oxígeno de carga negativa y dos átomos de hidrógeno de carga positiva, que sobresalen como si fuesen las orejas de un conejo.

Estas cargas eléctricas permiten que las moléculas formen enlaces electrostáticos débiles con muchas otras sustancias. El fluido que más “moja” es el helio líquido. A -270.97 grados Celsius, el helio se transforma en un superfluido. Éste es un extraño estado cuántico de la materia que sólo ocurre a bajísimas temperaturas y causa la pérdida de toda fricción y viscosidad.

El superfluido del helio sube por los lados de una taza y se desborda hasta que no queda nada dentro.

¿Se puede comprimir el agua?

El agua es un elemento que se comporta de manera muy particular. Debido a su alta densidad (1 gr/cm3 contra los 0.97 gr/cm3 del petróleo crudo y los 0.78 gr/cm3 del alcohol etílico) posee un extremadamente bajo índice de compresibilidad, lo cual significa que se requiere una enorme fuerza para que el agua se pueda comprimir.

A tal punto es su resistencia a la compresión que a 32o C se necesita una presión de 3,000 veces la atmósfera terrestre a nivel del mar para que 1 metro cúbico de agua se comprima a 0.9065 m3, apenas 10%.

¿Cuántos años más tendremos agua potable?

A lo largo de la próxima década veremos qué regiones con disponibilidad de recurso líquido serán hostigadas por otras con menos agua.

El costo del recurso se elevará ya que las fuentes de agua explotadas serán más profundas y estarán más lejos que las fuentes actuales.
Todo ello, sin contar los conflictos sociales que protagonizarán grupos de personas que se queden sin el líquido por largos periodos en zonas rurales y urbanas.

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