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“…Y al séptimo día, descanso”: Algunos atribuyen un origen bíblico a la duración de la semana de siete días. Según la tradición judeo-cristiana, ese fue el tiempo que le llevó a Dios la creación del mundo.

Pero, sin embargo, parece ser la observación del cielo la que fijó la duración de nuestras semanas.

Los babilonios, que contaban el tiempo con los meses lunares, tenían destinados determinados días del mes para actividades particulares. Estos días coincidían con las cuatro fases de la luna (creciente, llena, menguante y nueva) y dividían al mes en cuatro períodos de siete días. Con el tiempo, esos períodos se separaron del mes lunar y constituyeron las semanas.

El origen de estos nombres está en la observación del cielo por los antiguos. Durante el año, la inmensa mayoría de los astros visibles no cambiaban de posición unos con respecto a otros. Sin embargo, aquellos hombres observaron a simple vista siete cuerpos celestes que sí variaban de posición: el Sol, la Luna, y los cinco planetas que pueden verse a simple vista: Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno.

Domingo: en latín “dies solis”, día del sol. Aunque en Inter Gravissimas se hace referencia al domingo de Pascua como diem dominium, lo que significa, “día de Dios”.

Lunes (dies lunae), día de la luna.
Martes (dies Martis), día de Marte.
Miércoles (dies Mercurii), día de Mercurio.
Jueves (dies Jovis), día de Júpiter.
Viernes (dies Veneris), día de Venus.
Sábado (dies Saturni), día de Saturno.

Tarda 7 dias de ir de llena a menguante, 7 dias de ir de menguante a nueva, 7 dias de ir de nueva a creciente y finalmente otros 7 dias de ir de creciente a llena. El total del ciclo lunar es de 29,53 días, conformado por 4 cambios de fase (semanas) lo que forma un mes.

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