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Hasta finales de los años 90, en Medellín era obligatorio que cada urbanización dedicara un porcentaje de su presupuesto a una obra de arte, según un acuerdo municipal.

Sin embargo, este requisito fue revocado, pero sirvió para que en la ciudad existiera una gran cantidad de esculturas urbanas.

Algunas obras que se realizaron en ese momento aún se conservan. Por eso, la twittercrónica de esta semana hizo un recorrido por los espacios de la ciudad en los que se conserva esta tradición.

El barrio que más preserva las esculturas es El Poblado, y no es casualidad, pues para Gustavo Arango, profesor de Ciudad y escultura de la Universidad Pontificia Bolivariana, “el arte en general está relacionado con la capacidad económica y se puede acceder a él cuando ya se ha resuelto lo esencial”.

Y a pesar del valor que se les da a estas obras, en muchas ocasiones pasan desapercibidas para los paisas, pues ya las hicieron parte de su cotidianidad, pero son importantes para los turistas, que reconocen al autor de las creaciones.

“Los extranjeros vienen y se toman fotos con ella, pero la gente de acá ya se acostumbró a verla”, cuenta Héctor Pérez, portero de la unidad Alsacia, refiriéndose a la escultura de las afueras de este conjunto.

También sucede que algunas esculturas no reciben mantenimiento y se les nota el deterioro por el óxido y los rayones.

Otro aspecto que resaltaron los tuiteros que participaron de la twittercrónica es que en Medellín no hay una educación en arte y solo se distinguen las obras de Fernando Botero.

Además, hay quienes no las ven significativas: “Con la varilla que construyen las esculturas podrían hacer casas bien buenas para los pobres”, opina Albeiro García, portero de la Unidad Prados del Este.

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