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Para referirse a la historia de la música es necesario profundizar en nuestra historia, en la historia de la humanidad. Sociólogos e historiadores comparten la idea de que hace más de cincuenta mil años las primeras migraciones de grupos africanos hacia los diferentes territorios del mundo llevaban consigo canticos e instrumentos primitivos exaltando manifestaciones culturales que los diferenciaría del resto de los seres vivientes que habitan este planeta.

En un principio los ritos para la vida y la muerte eran los espacios afortunados que resguardaban la magia del sonido, luego los rituales para la caza y la guerra reclamaron el honor de presenciar un encantamiento acústico que terminaría siendo representativo en las festividades del fuego, el agua y los buenos tiempos que ameritaban danzar hasta el desvanecimiento; por ende música siempre sería igual a movimiento y por ello vida, y el silencio reflejaría quietud y definitivamente muerte.

Ese lazo entre hombre y música sería sellado para el resto de la historia, la naturaleza haría los primeros pinos de esta alianza, al igual que las resonancias emergentes del propio cuerpo homínido. La música comenzó entonces como la exteriorización de los sentimientos y como medio de comunicación de lo etéreo, lo abstracto y lo real.

En Egipto por ejemplo canonizaron las melodías resguardándolas únicamente a estamentos de poder, respetando toda su concepción, después en Mesopotamia un músico se percibía como alguien prestigioso y honorable entre una multitud, simultáneamente en Grecia la palabra música remitía a “Medicina para el alma”, Hasta llegar al pensamiento vago Romano donde la vida bohemia somete al sonido a fiestas paganas con grandes excesos. Mientras tanto en oriente se encargaba de teorizar y contextualizar de una forma objetiva y simétrica cada nota musical, elevándola casi a una ciencia exacta.El recorrido acabado de mencionar transformó esta forma de expresión humana a algo sagrado, tanto fue así que la música se instauró específicamente en cultos cristianos donde se alababa con tonadas a un dios omnipotente y todopoderoso que dominaba la razón de la mayoría de los individuos.

El teocentrismo se apropió en gran medida de la música pero le contribuyó al facilitarle espacios y medios para su avance natural, hasta un renacimiento de sinfonías que vendría con toda libertad de expresión e inspiración artística.  En Europa se centraba una proliferación polifónica de artistas irreverentes que no aceptaban el dogma musical eucarístico y con desparpajo, gran brillo y fuerza rítmica su música adquirió un carácter extrovertido.

Las melodías compuestas comenzaban a incursionar de una forma lábil en los sectores populares pero continuaba con la misma fuerza al servicio religioso y de las altas cohortes, pues el clasismo sectorizaba la música de vanguardia. Este fue uno de los periodos más ricos, fértiles, creativos y revolucionarios de la historia de la música puesto que se desarrollaron novedosas formas de simetría y se formalizaron grandes avances técnicos tanto en la composición como en la presentación sonora. La ópera por ejemplo se fomentó como significante de perfección humana, llevando incluso a algunos propagandistas de la teoría musical a la locura.

Alemania e Italia eran el nuevo orden acústico exponiendo armonía, estilos y texturas hasta establecer el sistema tonal con consolidaciones sistemáticas. Además algunas guerras tecnológicas de la época favorecieron a la generación ilustrada para envolverse en un nudo idílico con los melómanos.   En este punto comienza la ruptura entre toda esa tradición musical con componentes comunicativos emocionales y el lado sagrado y religioso con la música cómoda, fácil de asir y pobre de creatividad. La razón de esto fue la incursión de un modelo que dominaría al mundo, el capitalismo, que aunque perpetuaba al clasismo musical, no pudo contener la necesidad de escucha de los espacios populares que claramente por su posición económica no conocían la ciencia de los sonidos y se dejaron llevar por la notas más comprensibles y comunes, llegando al punto de que lo sencillo y claro irrumpiera en el panorama global que empezaba a rechazar lo complejo.

Sin embargo, aún los músicos en su mayoría eran personas adineradas o hijos de otros músicos, facilitando la formación de algunas estructuras clásicas y el desarrollo de presentaciones con afecto y adhesión al sonido. Incluso la investigación sonora se fomentó como pieza esencial para los intérpretes que desplegaban nuevos instrumentos entre océanos.

No obstante la música continuaba su alienación con el poder, ahora un régimen nacionalista que se aprovechaba del estatus otorgado por las sinfónicas exigió a los autores del momento producir nuevas convenciones que los posicionó sobre sus enemigos ¡guerras y más guerras!. Aunque todo tiene su lado positivo y de nuevo estas competencias generaron una revolución creativa del timbre pero sobretodo de lo atonal.

Lo emocional y el amor al arte reclamaban su dominio sobre la música pues definitivamente esta nació de allí; la imaginación permitió una nueva fase artística denomina atonal puesto que había una escisión con las técnicas convencionales, haciendo de la música algo más experimental e innovador que consagraría ritmos, colores y formas futuristas. Esa técnica no era algo original ya que se conocía desde la era barroca pero cortó una práctica tradicionalista de trecientos años.Un villano intruso que venía merodeando tiempo atrás el dominio por  derecho que asumió lo emocional y el amor al arte se apoderaría de la mayor parte de la música, lo comercial y el auge de la masificación acústica que hacía presencia en la clase media y en las regiones populares seducidas por los medios de comunicación masivos como la radio, impuso lo light y lo que no requería esfuerzo mental ¡Una tarea demasiado fácil! debido a la ignorancia del público y a los avances tecnológicos surgidos en eventos como la guerra fría que permitieron producir sonidos ahora conectados con los sistemas de recompensa del cerebro humano.

Los profesionales de menor talento se dedicaron a líneas, ritmos y timbres convenciones que se alejaban cada vez mas de los orígenes tradicionales de la música ¿Y quiénes representaban esta forma burda de la melodía? Exponentes que poseían una de estas cuatro características:

  1. Buscaban hacerlo de una forma fácil y sin el mayor esfuerzo
  2. Tenían necesidades económicas y encontraron allí una forma cómodo de hacer dinero
  3. Querían ser el centro de atención y alcanzar la fama
  4. su ambición poseía su razón

En el revés de la hoja y respetando toda la historia que hemos expuesto se encontraban los músicos serios cosechando identidad  y con ella vanguardia con miras hacia el futuro, claramente convertían el sonido a algo abstracto y solo el público curioso con saber melódico lo interpretaría. La música compleja no cambiaba súbitamente sino que se iba convirtiendo en otras estructuras de una forma armónica, hecho que contribuyó a la industrial y el arte. La música culta con todo el sentido tradicional que normalmente se difundió en espacios académicos y de poder, se trasladó a lugares segregados con personas exigentes de creatividad.Si obviamente en los siglos pasados las zonas populares escuchaban música masiva por la insuficiente capacitación académica, la baja posición económica y las divisiones sociales tácitas, en la actualidad esta no es una excusa porque existen medios infinitos para la investigación y exploración acústica. Si bien la música masiva permitió que las melodías llegaran a las partes más recónditas del planeta, es tiempo de cuestionarnos sobre el dominio vulgar y parcializado que algunos estamentos de poder le confieren al sonido.

 

 

 

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