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En la actualidad los avances científicos han beneficiado increíblemente la salud del ser humano, incluso alargando el promedio de vida, mejorando la calidad en su trasegar y alejando el sufrimiento biológico; psicológicamente el avance no se equipara a los avances biológicos, seguramente por la complejidad de la subjetividad humana. Aunque las terapias a través de la palabra demuestran ser eficaces son un proceso lento y el revés de la hoja con los psicofármacos cada día es un debate sin concluir, sin anexar que los hábitos modernos acarrean nuevas perspectivas que dividen al individuo y le proporcionan dificultades que repercuten en la estabilidad anímica.

Esta vez el llamado de algunos científicos es a poner en duda la eficacia de los psicofármacos aceptados por las asociaciones psiquiátricas que se lucran por la comercialización de estos y en cambio trabajan por derrumbar los tabúes sobre algunas drogas “ilícitas” que tradicionalmente han demostrado tener efectos positivos en las emociones humanas.

Irving Kirsch y Peter Gotzsche son algunos estudiosos que asumen esta posición, resaltando que los avances científicos afirman que los fármacos como el Prozac y el Zoloft actúan en la modificación de la serotonina para el tratamiento de la depresión y la ansiedad, siendo la modificación en la regulación de los neurotransmisores el argumento central de la psiquiatría moderna, algo que no está 100 % comprobado puesto que los estudios parecen amañados a favor de las farmacéuticas. Estudios paralelos a estos, que han comparado las drogas psiquiátricas con  placebos, han demostrando que los primeros  tienen poco o ningún beneficio para las personas con niveles medios a moderados de depresión, agregándole además el componente adictivo que estos poseen.  De igual forma para los tratamientos psiquiátricos más severos se utilizan antipsicóticos y antidepresivos poderosos que claramente demuestran en las personas efectos secundarios significativos como aplanamiento emocional, somnolencia, limitaciones físicas, disfunción sexual, aumento de peso rápido y, más problemático aún, ideación suicida, especialmente en pacientes jóvenes. Ultimando todo lo anterior en el adormecimiento de los sentidos y las emociones.

“Los científicos en contra de la veracidad de los medicamentos psiquiátricos argumentan a través de sus investigaciones que los efectos tan prometidos de los antidepresivos se deben en gran parte al efecto placebo y no tanto a los compuestos químicos que prometen regular el desbalance cerebral. Además los antipsicóticos son algunos de los medicamentos más tóxicos que existen, aparte de la quimioterapia para el cáncer. Producen daño cerebral permanente, algunas veces incluso después de un tiempo de uso relativamente breve, y hacen más difícil que la gente vuelva a vivir una vida plena. Los antipsicóticos, no curan las psicosis. Los antipsicóticos tranquilizan a la gente, pero también les arrebatan parte de sus emociones, parte de sus pensamientos normales”.

Entonces la política psiquiátrica ha centrado su enfoque a lo que habitualmente les ha sido más rentable y desvían la mirada a lo pragmático, tradicionalmente los pueblos de América del Sur han experimentado con el uso de la hoja de coca para mejorar sus condiciones físicas y mentales, optimizando su rendimiento laboral y ampliando su perspectiva espiritual, así mismo algunos psicodélicos como la ayahuasca y la mezcalina ha contribuido en el autoanálisis y en la abstracción de lo real. En la misma vía, la época victoriana utilizó el opio para minimizar el dolor emocional y facilitar el sueño, surgiendo de esta planta algunos medicamentos modernos que tienen fines psiquiátricos.        A causa de lo anterior, estudios en su mayoría independientes han encontrado por ejemplo que la psilocinbina reduce síntomas en el trastorno obsesivo compulsivo, con los beneficios de que esta sustancia no tiene efectos tóxicos en el cuerpo humano y tampoco genera adicción; de igual forma el MDMA reduce la respuesta de la amígdala a las amenazas, minimizando por ende el impacto de revivir experiencias traumáticas. Además la ketamina ha mostrado que mejora personas con estados de ánimo en declive y resulta ser efectivo en pacientes terminales con dolencias significativas.

El avance epistemológico en todas estos estudios se ven obstaculizados por las leyes que prohíben la divulgación y la manipulación de sustancias ilícitas. Uno de los argumentos de los entes gubernamentales es la adicción que generan ¿pero acaso las drogas patentadas no la causan? No buscamos aquí incentivar al consumo recreativo de las sustancias, sino abrir perspectivas de intervención a modelos que parecen más que obsoletos perjudiciales; antes que esto habría que preguntarnos “¿los hábitos de vida contemporáneos son los más saludables para nuestra integridad emocional o el ser humano está condenado al sufrimiento psicológico?

Fuentes:

https://www.psyciencia.com/2017/23/necesitamos-extasis-y-opioides-en-lugar-de-prozac-y-xanax/

https://www.psyciencia.com/2016/28/los-farmacos-psiquiatricos-nos-hacen-mas-dano-que-bien-el-pais/

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