A pesar de la adversidad que supone la crisis económica, Rusia no se plantea recortar el gasto militar y, por el contrario, comenzará dentro de dos años el rearme a gran escala de sus fuerzas armadas para contrarrestar la expansión hacia el este de la infraestructura militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cada vez más cerca de las fronteras de este paí­s.

Así­ lo anunció este martes el titular del Kremlin, Dimitri Medvediev, al reunirse con la plana mayor del Ministerio de Defensa ruso con el propósito de disipar los temores de un sector de la jerarquí­a castrense en el sentido de que las actuales carencias financieras pudieran mermar los planes de modernizar el arsenal del ejército y la armada.

El encuentro estuvo precedido de meses de rumores y filtraciones sobre el malestar de algunos generales rusos en relación con la reforma militar en marcha, la cual –para los más escépticos– se limitará a una reducción sustancial del número de oficiales y soldados, que en la actualidad sobrepasa el millón de personas.

Medvediev insistió en que es necesario optimizar la estructura y la cantidad de efectivos de las fuerzas armadas, pero prometió iniciar, a partir de 2011, su rearme a gran escala, mediante la fabricación de nuevos tipos de armas convencionales, de modo paralelo a la renovación del estratégico armamento nuclear, que se lleva a cabo desde hace ya varios años.

Un ejército moderno, bien preparado y pertrechado con noví­simo armamento, debe garantizar la seguridad de nuestro paí­s, debe tener capacidad de responder cualquier agresión potencial, afirmó el presidente ruso.

Entre las mayores amenazas a la seguridad de Rusia, Medvediev mencionó la inestabilidad en varias regiones colindantes y los intentos incesantes de la OTAN de extender su infraestructura militar, junto a nuestras fronteras.

Se cree que la explí­cita referencia a la OTAN como causa del rearme ruso es una de las cartas que piensa jugar Medvediev ante el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con quien se reunirá por vez primera en Londres, el próximo primero de abril.

Todo indica que el Kremlin se propone usar el rearme como factor de presión a la hora de empezar a discutir con la Casa Blanca la larga lista de desencuentros en la relación bilateral que dejó de herencia el gobierno de George W. Bush, entre los cuales destacan el controvertido escudo antimisiles estadunidense, el no menos polémico potencial nuclear de Irán, la negociación de nuevos pactos de reducción de armamento estratégico y la asistencia logí­stica rusa en las rutas aéreas de la alianza noratlántica hacia Afganistán.

En todo caso, no pasó inadvertido que, apenas unas horas antes del anuncio de Medvediev en Moscú, se presentó en Washington el reporte final de la comisión bipartidista sobre la polí­tica de Estados Unidos hacia Rusia, una de cuyas 19 recomendaciones a Obama es posponer la intención de abrir la puerta de la OTAN, alentada contra la opinión de varios socios europeos por el anterior gobierno estadunidense, para el ingreso de Georgia y Ucrania.

Beneplácito del Kremlin
El documento de esa comisión, copresidida por los ex senadores Chuk Hagel y Gary Hart y que resume las conclusiones de un grupo de expertos, entre ellos dos antiguos consejeros de seguridad nacional de la Casa Blanca, Robert McFarlane y Brent Scowcfrot, se recibió aquí­ con beneplácito.

Se considera que el reporte acerca de El camino correcto de la polí­tica de Estados Unidos hacia Rusia –el tí­tulo marca diferencia con el anterior documento de envergadura elaborado por otros expertos, en marzo de 2006, para el gobierno de Bush: El camino equivocado de Rusia: qué puede y debe hacer Estados Unidos– podrí­a ser una plataforma adecuada para relanzar los ví­nculos entre Moscú y Washington.

De entrada, los expertos lamentan que la relación bilateral “en los años recientes se deterioró a su peor punto desde el fin de la guerra frí­a” y enfatizan en que la Casa Blanca debe reconocer que Rusia, al menos por ahora, no es hostil a Estados Unidos.

Aparte de recomendar a Obama aceptar que Ucrania y Georgia no están listos para ingresar a la OTAN y que hace falta trabajar intensamente con los aliados para desarrollar otras opciones diferentes a la admisión en la OTAN que sirvan para expresar apoyo a su soberaní­a, los autores del reporte hacen un guiño a Rusia en otra controversia fundamental.

Consideran indispensable enfocar de nuevo (no llegan al extremo de pedir que se reconsidere la decisión) los planes de instalar en la República Checa y Polonia componentes del sistema de defensa antimisiles y, de esa manera, hacer un esfuerzo genuino que permita afrontar conjuntamente el peligro de los misiles de Irán o cualquier otro paí­s.

Al respecto, la variante más viable serí­a crear un sistema compartido, que incluya también instalaciones y componentes rusos, sugiere la comisión.

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