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No es Ibiza, es El Cairo Egipto se mueve a ritmo de música 'techno' y éxtasisUn auditorio multitudinario entregado al baile, música techno a todo volumen y un DJ en la cabina. El mismo esquema de cualquier fiesta electrónica. Pero esta se celebra en un barrio de la periferia de El Cairo. Cada jueves por la noche, a 35 kilómetros del centro de la capital, se celebran las llamadas “raves del garaje”. Cientos de jóvenes egipcios adictos al techno acuden en masa a Villa Mercedes, un recinto privado en la zona de Obur convertido ahora en meca de la electrónica. Música estridente que suena sin interrupción durante horas en el interior de un antiguo garaje, donde la nueva generación underground baila sin descanso hasta el mediodía.

Hacia las diez de la noche, el aparcamiento que rodea el recinto se convierte en la antesala de la fiesta. Bajo la luz verde de una mezquita, grupos de jóvenes llegan en coches cargados de botellas de alcohol. Poco a poco, a medida que se escuchan las primeras canciones, el acceso a la villa va llenándose de asistentes. Los más impacientes atraviesan el camino de piedras que conduce hasta el garaje: una sala prefabricada de 1.400 metros cuadrados reservada exclusivamente para la “noche underground”. ¿El precio de la entrada? 200 libras egipcias (21 euros, una fortuna en El Cairo). En la puerta, los encargados de seguridad apenas realizan registros; permiten que la gente cuele drogas y botellas.

Dentro, el ambiente es ensordecedor. La flor y nata de la escena electrónica egipcia se mueve frenéticamente. Jóvenes de entre 22 y 30 años sacuden los brazos, saltan al ritmo y cierran los ojos al bailar. El fervor de la música techno está pegando fuerte. Luces láser de colores atraviesan la sala y las proyecciones visuales hipnotizan al espectador. Unos y otros hacen acopio de la parafernalia típica de la cultura rave y la estética variopinta brilla en su esplendor.

Es difícil encontrar a alguien sin gafas oscuras, gorras o tatuajes. Ellas lucen escote y ninguna usa hiyab (el velo islámico). Sobre una tarima, baila en bikini una versión egipcia de Paris Hilton. “Nosotros hemos adaptado la estética rave, importada de Europa, a nuestras circunstancias”, cuenta a El Confidencial Nahda, una joven de 25 años. “Aquí no podemos teñirnos el pelo de colores porque nuestra sociedad es más conservadora, así que utilizamos complementos que luego podamos quitarnos en casa”.

Éxtasis y abrazos al altavoz

En las filas de asistentes más próximas al DJ es donde el consumo de éxtasis es más evidente. Algunos jóvenes bailan abrazados al altavoz, otros juegan con barras lumínicas que mueven al ritmo de la música. Más a la izquierda, otro grupo observa fascinado en un iPad una secuencia de formas volumétricas. “Esto se llama vasuala”, cuenta Ahmed mientras toca con sus dedos la pantalla, “la experiencia techno mejora cuando vemos dibujos de colores”. Dentro de su propia jerga, ir bajo los efectos del éxtasis es estar makhbout o dareb. Y una pastilla, que cuesta alrededor de 150 libras egipcias (15 euros), se le denomina “e” o belaia.

Tamer Fouda, el Dj más celebre de la incipiente escena electrónica de El Cairo

Pese a los rígidos estándares sobre los que se rige la sociedad en Egipto, la nueva generación rave es difícil de clasificar. Aquí desaparecen todos los estereotipos. La mayor parte de ellos pertenece a una clase adinerada; algunos tienen estudios, pero otros son meros trabajadores. Varios se confiesan cristianos, pero la mayoría son musulmanes. Su punto de unión es la música electrónica, las fiestas del jueves, vivir ansiosamente desde el domingo con la mirada puesta en el fin de semana. Y forman una comunidad que va en aumento, que se alimenta de las sesiones electrónicas que circulan por internet, que adora a su DJ como al nuevo ídolo de masas y que acude a las fiestas del garaje como si se tratase de un nuevo rito generacional.

Foudad, el imán de los ‘clubbers’

Desde el escenario, el disc jockey anima a su público. Todos bailan hacia él, le aplauden, le hacen fotos, celebran sus temas. Es Tamer Fouda, el DJ favorito de la escena electrónica de El Cairo. Este egipcio de 33 años, brazos musculados y tupé podría ser perfectamente el encargado de cualquier discoteca en Ibiza. “Just Underground Music”, se lee en el tatuaje de su escote. Una imagen muy cuidada que explica sus más de 26.000 seguidores en Facebook. “Sé que mi look es lo que me ha hecho tan popular”, dice Tamer a El Confidencial. Según cuenta, pasa dos horas diarias en el gimnasio, sigue rigurosamente una dieta proteínica y se confiesa adicto a los anabolizantes. Para él, la cultura underground es un estilo de vida. “Los ravers somos la gente más cool de Egipto”, comenta. Además, no cree que el islam esté reñido con su profesión. “Puedo ser mejor musulmán que los hombres que llevan largas barbas”, afirma.

Una de las 'raves del garaje' que se celebran en los suburbios de El Cairo.

Tamer comenzó a pinchar en el año 2004, cuando la escena electrónica todavía era muy minoritaria. Organizaba fiestas que él mismo financiaba. Sus influencias musicales han sido importadas de Europa. Dj’s como Steve Lawler sonaban en su radio cassette cuando iba al colegio. Ahora, Tamer pincha minimal techno y se ha convertido en una estrella internacional. Ha mezclado sus propios temas en Pakistán, Líbano, Turquía, Túnez, Bulgaria e incluso en México y Estados Unidos. “Las fiestas rave en Egipto han llegado más tarde”, cuenta Tamer. “La escena de aquí no se puede comparar con la europea. Aquí los DJ’s no tenemos las mismas oportunidades y la calidad es inferior”. Asegura que el estilo de las fiestas es de inspiración occidental. “La mejor manera de escuchar esta música es bajo los efectos del éxtasis, y esto también lo hemos aprendido de Europa”.

“Sobornamos a las autoridades para celebrar nuestras fiestas”

Quienes están haciendo caja con la irrupción de la cultura underground en Egipto son Zeo y Fota, los dueños de la promotora que las organiza, la Agencia de Entretenimiento Underground (The Underground Entertainment Agency). En 2011 montaron la primera rave en el garaje y fue todo un éxito. “Quisimos imitar las fiestas que veíamos en YouTube y funcionó”, cuenta Fota Awwad a El Confidencial. “La primera vez vinieron 100 personas y ahora sobrepasamos las 1.200”. Ellos se encargan de alquilar la zona, montar las luces, el sonido, contratar a los Dj’s y convocar a los espectadores a través de las redes sociales.

Egipto, El Cairo

Sin embargo, el mercado todavía no se ha preparado para este tipo de eventos y las autoridades no han establecido un tipo propio de licencias. Zeo y Fota negocian permiso a permiso con el Sindicato de Músicos para cada celebración, una autorización propia de las fiestas privadas, similares a las que se solicitan para celebrar una boda. “Aunque no vendemos bebidas alcohólicas en los eventos, todo el mundo sabe que dentro se bebe alcohol y se consumen drogas”, cuenta Fota. Así que para que la Policía no visite el garaje, pagan sobornos a los miembros del sindicato. “Es algo normal, todos los clubes lo hacen. Además de la licencia, les pagamos entre 1.500 y 2.500 libras egipcias para que no nos molesten”.

En cualquier caso, las fiestas rave en Egipto son un fenómeno reciente y todavía minoritario. Durante años, el consumo de drogas en el país se ha asociado a los estratos más bajos de la sociedad. El cannabis es la más popular, pero también se ha extendido el abuso de analgésicos opiáceos como el Tramadol. La heroína, las anfetaminas médicas o los alucinógenos para el tratamiento del párkinson también se han generalizado en las zonas deprimidas. Es por esto que la irrupción de las drogas sintéticas de baile, consumidas por las clases más acomodadas, supone toda una novedad. De momento, el asunto no aparece en la prensa y sólo algunos sociólogos como Nashaat Hussein, profesor de la Universidad Americana de El Cairo, han alertado de la aparición de esta nueva clase social. Una “subcultura de jóvenes”, apunta en uno de sus informes, “que ha establecido el consumo de éxtasis como uno de los patrones comunes de su comportamiento”.

Fuente: El Confidencialhttp://www.elconfidencial.com

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