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Poco a poco el espacio se va llenado a medida que entran personas deseosas de pasar una noche de música con buena vibra. El Club 1984 tiene su encanto, todo el área es una pista de baile. La gente se desplaza desde la parte calurosa alrededor del Dj hasta la frescura de la terraza; desde ahí puede divisarse una panorámica alucinante de la ciudad de Medellín. En consonancia con el beat de la música, desde ahí se puede admirar el paisaje en todo su esplendor durante la puesta y la caída del sol.

La energía de Claudio PRC se siente desde cualquier punto del club, sus sonidos atípicos ciertamente provienen desde el interior de su alma, como él mismo expresó para la entrevista antes de su venida; cualquiera puede notarlo al acercarse y ver la expresión de su rostro, esa que denota pasión por lo que hace y el gusto de estar ahí.

El set comienza con beats suaves y lentos de un estilo ambient muy propio, alternando con kicks intensos y caídas sonoras que producen grooves hipnotizantes. Luego regresa con matices progresivos, elevaciones ácidas, y termina con melodías que caracterizan su estilo Novo-Techno. Con el carisma que demuestra al conectarse en cuerpo y alma con ese preciso instante, él alcanza su objetivo: hacer que la gente esté siempre animada y que las horas sucedan como en un continuo presente.

Su música altera el estado de consciencia a medida que transcurre el set; se producen diversas emociones y entramos en estado de alerta, no siempre conscientes de los sonidos específicos porque estamos sumergidos en una atmósfera que dicta el movimiento corporal, de manera natural y espontánea. Sin embargo, el organismo por sí mismo experimenta percepciones, sensaciones y pensamientos controlados por el lento o rápido fluir de la energía en el interior del cuerpo.

El sonido particular de Claudio es capaz de mover hasta la mas remota célula y causar un profundo estado de placer. Con las variaciones del ritmo respiratorio, a consecuencia del movimiento que genera la música, el oxígeno y el flujo sanguíneo llega de manera más eficaz al cerebro produciendo sensaciones inusuales.

Es maravilloso observar cómo este DJ nos ha preparado con toda su experticia un viaje a través del sonido, conduciéndonos hacia un futuro inmediato en el que nos alejamos de nuestros pensamientos acerca de situaciones o conceptos mundanos. Por muchas horas seguidas puede mantenernos en un estado de ensimismamiento colectivo, sumergiéndonos en una experiencia sublime.

Asimismo, el respeto entre todos los que compartimos la pista de baile y el sentido de camaradería que de ello surge, nos conecta con esos sonidos de aire futurista, quizás un tanto abstractos para la mente común, pero precisamente por eso generadores de una dimensión emocional. Es esa sensación revitalizadora la que nos hace conscientes de nuestra propia presencia en el mundo, donde los sentimientos internos generan cuestionamientos acerca de nuestra identidad.

Su música es capaz de ¨expandir el tiempo¨, de manera similar a lo que años atrás definió Pauline Oliveros a partir de su uso de delays como máquinas de tiempo:

¨Cuando toco algo en el presente, luego con delay regresa al futuro, pero cuando regresa del futuro, estoy lidiando con el pasado, y también tocándolo de nuevo en el presente, estoy anticipando el futuro. Entonces eso es expandir el tiempo¨.

Por esa experiencia que compartimos el día sábado primero de julio en Club 1984 cabría preguntarnos: ¿es Claudio de otro planeta? La respuesta es sí; lo es en el sentido en que su música apunta al más allá y su intención es elevarnos, en medio de la pista de baile, hacia un futuro incierto pero fascinante.

Maria Villa
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