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Ni Colin Dale, ni Supa Dimitri, ni Cristi?n Vogel. Sin duda, el estadounidense Derrick May es el m?s reputado de los discjockeys y m?sicos electr?nicos que han incluido a Chile en su agenda. Porque su nombre es referente obligado a la hora de hablar de la historia del tecno. Fue ?l, junto a Juan Atkins y Kevin Saunderson, quienes a comienzos de los ochenta fusionaron tecnopop y funk para crear el Detroit techno. Un sonido que salt? de los peque?os clubes estadounidenses hasta Europa y, posteriormente, invadi? las discotheques del mundo entero.

?C?mo pudiste darle a tu propio sonido el nombre de tu propia ciudad?Teniendo en cuenta que en los sesenta Detroit vio nacer el soul gracias al sello Motown y que en los setenta fue uno de los puntos calientes del rock’n’roll por obra y gr?cia de MC5, parece algo inimaginable lo que pas? con el techno.
No se muy bien c?mo explicarlo. Para m?, para cualquiera que ame la m?sica electr?nica, Detroit es la meca. Es una ciudad en la que las personas hemos tenido la oportunidad de expresarnos a lo largo de todas estas d?cadas. No se el por qu?, pero puedo llegar a intuirlo: Detroit es una ciudad que ha estado a punto de tragarse a si misma en varias ocasiones, y ha sido en esos momentos de tristeza cuando el ciudadano ha tenido la oportunidad de expresarse con la m?s m?gica forma de comunicaci?n: la m?sica.

?Crees en la m?sica desde un punto de vista… m?gico?
Naturalmente que no; en este aspecto soy alguien muy emp?rico. Pero reconozco que me fascina la velocidad y fuerza a la que se transmite una idea musical a trav?s del espacio y el tiempo. Por norma general, las im?genes suelen pervertirse con cierta facilidad, mientras que el sonido, cierto tipo de sonido –como el techno–, puede permanecer inalterable durante much?simo tiempo y ser igual de apasionante que el primer d?a; igual de magn?tico. Es quiz? esa inmutabilidad a su vez tan apasionante que ofrece la m?sica la que me hace pensar que se trata de un pensamiento filos?fico, religioso incluso, que supera los l?mites de la raz?n pura.

En Detroit habl?is de la m?sica muy distanciadamente. ?Se debe al hecho de que vuestro sonido es tan po?tico que analizarlo en t?rminos puramente pr?cticos ser?a una injusticia?
Hasta principios de los setenta, la comunidad negra no tuvo la oportunidad de expresar su arte desde un punto de vista que no fuera c?mico o irreflexivo. A?n ahora existe el prototipo de artista de color que hace poco menos que el est?pido en p?blico para ganar dinero, sabiendo muy bien que le va a costar mucho m?s hacerse respetar como artista. No s?lo es racismo: as? de extra?o es el mundo de los negocios con el arte. El hecho de que en Detroit nos comportemos de esta manera respecto a nuestra propia m?sica es por una simpl?sima raz?n: respeto. Nuestra m?sica habla de un sentimiento de evasi?n respecto a la realidad que nos han legado nuestros padres y nuestros pol?ticos: hablamos de la posibilidad de vida en el espacio, de la dificultad de traer ni?os a un mundo que est? industrializado, de lo dif?cil que resulta pensar en algo asociado a la realidad que no sea terriblemente triste. No podemos ser prosaicos con unos ideales tan elevados y una desesperanza tan permanente. Ante todo, los m?sicos de Detroit han intentado, a lo largo de todos estos a?os, retratar el sentimiento de un pueblo que, si no oprimido, si estaba al borde de un peque?o abismo. No hablo necesariamente de un pueblo negro.

Durante los ?ltimos a?os ha habido, a expensas de la electr?nica, un porcentaje de m?sicos de color que han conseguido saltar a la palestra y hacerse respetar. ?Significa eso un cambio?
Por supuesto. No todo el mundo puede ser pionero: unos deben abrir el camino para que otros lo recorran y consigan llegar un poco m?s lejos. Kevin, Juan y yo conseguimos abrir un peque?o sendero. M?s tarde lleg? una generaci?n que dedic? su tiempo a hacer el recorrido m?s largo. Se trata de eso.

?En qu? nombres piensas cuando hablas de la nueva generaci?n?
El primer nombre es, sin duda, Stacey Pullen. Sinceramente, creo que es el mejor productor que vive actualmente en Detroit y una de las personas con m?s capacidad para retratar sus sentimientos. El segundo, Carl Craig. Y el tercero, claro est?, es Jeff Mills. Todos ellos son artistas negros, pero su sentimiento es universal.

En el mundo del techno, sin embargo, el p?blico es eminentemente blanco.
Desgraciadamente, es as?. La mayor?a de afro-americanos de los Estados Unidos e Inglaterra se muestran muy fundamentalistas con respecto a ciertos tipos de m?sica, como el techno, que gustan a un elevado tanto por ciento de p?blico blanco. Quieren bailar toda la noche m?sica hecha por y para negros, como el r’n’b m?s comercial, s?lo para sentirse identificados con ellos mismos como pueblo; es algo que me resulta un poco triste. Lo que yo creo es que hay personas, sean de la raza que sean y pertenezcan al credo que pertenezcan, que deber?an ser m?s abiertas de miras e intentar casar ideales, mundos y esperanzas. Identificar la espiritualidad con un color no tiene sentido: la m?sica de Detroit mira, ante todo, al espacio exterior. Va m?s all? del color y de la raz?n.

?Crees en los extraterrestres? En tus discos generalmente le das las gracias a Dios…
Creo en Dios y creo tambi?n en la existencia de vida m?s all? de este sistema planetario. No quiero parecer contradictorio, pero creo que las dos cosas, por distintas que parezcan, pueden coexistir en el Universo.

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