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En el intento de materializar, de forma cruzada, un estímulo sensorial para ser captado por un sentido que no es el que originalmente le correspondería, se han desarrollado múltiples proyectos y dispositivos en los campos de la ciencia y la tecnología. Y uno de los más excitantes es el CymaScope.

La sinestesia es un ‘desorden’ neuronal que provoca una percepción conjunta de diversas sensaciones, tradicionalmente captadas por distintos sentidos, pero aquí combinados en un mismo acto perceptivo –oler música, sentir colores, etc. Probablemente, en algún momento de la historia, los primeros sinestésicos enfatizaron en la posibilidad de usar un sentido para captar información sensorial correspondiente a otro. Pero, sin descartar que pueda ser un estado inducible o programable, lo cierto es que en la mayoría de los casos, para alguien que no ‘sufre’ de sinestesia, es complicado penetrar ese plano.

Aprovechando que cada sonido tiene su propio sello vibratorio, el CymaScope utiliza el agua como vehículo para visibilizar los sonidos. Básicamente lo que hace es grabar las vibraciones producidas por una onda sonora sobre la superficie de un contenedor con agua destilada –cuya tensión es tan alta que registra claramente las huellas de cada sonido. Curiosamente, al ver las formaciones que resultan de esta traducción de audio a visual, notamos que las ondas sonoras no se ven como una simple sucesión lineal sino que se combinan y entremezclan para crear configuraciones complejas, particularmente estéticas, que remiten a formas ‘mandálicas’, acuosas,  e híper-responsivas. John Stuart Reid y Erik Larson, creadores del dispositivo, se refieren a esta peculiaridad:

Si tus ojos pudieran ver la música, a diferencia de lo que muchos creemos esta no aparecería como ondas, sino como hermosas burbujas holográficas con formas increíbles que recuerdan a un caleidoscopio.

En otro plano, más allá de la estética, el CymaScope también está utilizándose en diversos contextos científicos, por ejemplo en el estudio del lenguaje de los delfines, gracias a lo cual los investigadores encontraron ‘pruebas’ que sugieren que estos mamíferos marinos utilizan, similar al ser humano, sonidos precisos para denominar formas o situaciones particulares. Incluso los delfines podrían utilizar su sonar para percibir los sonidos emitidos por otros miembros, a través de las manifestaciones visuales que estos detonan en el agua.

El CymaScope es el primer dispositivo comercial para visualizar sonidos. Las aplicaciones que puede tener este estimulante ‘juguete’ son muchas, así como las reflexiones que potencialmente pudiera detonar: por ejemplo, la noción de que todo es, a fin de cuentas, información. Y que las herramientas para percibirla, procesarla, y compartirla son proporcionales a nuestra imaginación, es decir, tal vez infinitas.

 

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