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( Via: El Espectador ) Al mejor estilo Cyberpunk en medio del centro de Medellín, hay un pedacito de Japón, un restaurante vegano que es atendido por robots.

Se trata del restaurante Los Robots, y si el nombre no es creativo, su estilo sí que lo es.

Utilizando materiales reciclables y con una decoración futurista con luces LED, cables y símbolos tecnológicos, este espacio ha llamado la atención de propios y extraños.

Ubicado al fondo de un bulevar comercial donde el aire huele a manteca, fritanga y sudado, esta opción de comida saludable rompe con los paradigmas para ofrecer una alternativa rápida, llamativa y beneficiosa para el organismo.

Uno de sus fundadores, que se hace llamar Magnum, combinó su estilo de vida vegano con sus conocimientos en robótica para crear esta idea de negocio.

“Es una idea similar a como funciona un cajero electrónico, pero en lugar de dinero, este da comida”, explica el fundador.

Este ingeniero que también estudio física, explicó que actualmente el restaurante funciona al 80 por ciento, pero que la idea es tener una completa automatización del sistema.

“Hay un robot que controla a los otros, se llama Nutribyte y controla las cocinas y las robotiza. También regula la temperatura, el tiempo y la cocción. Ya el programa está listo con experimentación, solo falta terminar de interconectar a ese cerebro con el resto de robots”, explicó este visionario.

En estos ‘cajeros automáticos de alimentos’ los visitantes tienen la opción de elegir 12 platos veganos de su gusto.
Dice Magnum que el Nutrybyte tiene todos los ingredientes de los platos sistematizados y, según el que se escoja, elige los ingredientes para que estos se sirvan automáticamente en menos de un minuto.

El negocio fue inaugurado a mediados de abril y ha tenido gran acogida en el sector según los dueños.
Es una mezcla entre tecnología y humor.

Los dueños aseguran que tienen robots que tocan instrumentos (el Titanio que ganó un concurso de robótica en el 2000) y que canta las canciones de cumpleaños a quienes lleguen. Y también hay otro robot nodriza que ayuda a cambiar los pañales de los niños.

En la visita que hizo EL TIEMPO al lugar observó los prototipos, pero aún no estaban en servicio.

La inversión para el negocio fue superior a los 360 millones de pesos y esperan que esa mezcla entre tecnología y salud alimentaria sea la clave para sacar a delante el negocio.

Sobre la ubicación del restaurante, asegura Mágnum que habrían podido buscar sectores más exclusivos como el sur del valle de Aburrá, pero “somos un restaurante corriente. Y el sector del centro es estratégico porque pasan muchos turistas”.
Y aunque todo parece muy futurista, el lugar no pierde el factor humano.
Ataviadas con un elegante uniforme rojo con negro, el lugar cuenta con unas ‘meitres’ que se encargan de esa parte “del calor humano y calidad humana, dando tours, asesorando a las personas y haciéndolas sentir mejor en la atención”.

Mágnum asegura que los robots no van a acabar con los empleados, sino que harán oficios tediosos como pelar papas y servir los pedidos.

Es consciente de que los robots que tiene en su restaurante son sencillos, pero eso no significa que carezcan de inteligencia.

Es el caso de Electra, un robot que se guía por medio de infrarrojos por una línea que recorre todo el local ofreciendo postres por todas las mesas.

Añade el inventor que ese sistema, en el que se demoró tres meses en construir, se puede aplicar cualquier tipo de comida.

Explica que la máquina (Nutribyte) tiene los sistemas Análogo y Digital. En el primero se experimentan diferentes tiempos, temperaturas y cocciones para lograr llevar un plato a un punto exacto, cuando se logra, esos datos se automatizan y ya quedan grabados en el sistema digital.

Este peculiar espacio, que asegura que está al nivel de potencias como China y Estados Unidos, espera convertirse en un ícono en el sector y ser un paso obligado para los transeúntes que busquen “entretenerse y alimentarse bien. Y es que según Mágnum, la economía que dan los robots se la damos al cliente”.

No tienen metas claras de mercadeo y ventas. Solo esperan que, al igual que los robots, la batería les aguante.

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