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La comunidad científica a través de innumerables estudios ha asociado consecuencias de manera bidireccional sobre el consumo de sustancias psicoactivas con los trastornos mentales, es decir, las personas con enfermedades psicológicas y psiquiátricas tienen una disposición más alta de consumir sustancias psicoactivas, y de forma inversa, el consumo de sustancias favorece el desarrollo y la exacerbación de trastornos mentales (aclarándose que no todo tipo de consumo está asociado a dichas enfermedades); dejando esto una compleja relación entre ambos fenómenos.  Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Granada liderado por el catedrático de psiquiatría  Jorge Cervilla y publicado en la revista Journal of Nervous and Mental Disease demostró que el cannabis no solo puede provocar esquizofrenia, pérdida del contacto con la realidad, delirios y alucinaciones sino todo tipo de trastornos mentales como la ansiedad (9%) y los de tipo depresivo (8%) que además pueden coincidir en la misma persona. El consumo de esta sustancias sería suficiente para llevar a una psicosis pero lo más relevantes es que se encontró que las personas con síntomas de trastornos psicóticos tienden a consumir otras sustancias como el alcohol y el tabaco. Sin embargo La psicosis inducida por fármacos todavía se considera una categoría diagnóstica distinta de los trastornos psicóticos de carácter estrictamente psiquiátrico, ya que, en los primeros, los síntomas disminuyen cuando se suspende el uso de sustancias, mientras que en los últimos, los síntomas persisten.

El estudio también encuentra que el 1,8 % de la población sufre un trastorno adictivo, el 2% presentó un trastorno psicótico y un 3,6% tenía un trastorno de la personalidad. Encontrando cifras muy similares a las de estudios realizados en otras zonas del entorno europeo.

El problema más común que relaciona los trastornos mentales y el consumo de sustancias es la intención de las personas que buscan aliviar síntomas mentales que resultan molestos o incómodos. Algunos ejemplos incluyen la persona con depresión que usa marihuana para sentirse mejor, el individuo que sufre de ansiedad social y bebe para sentirse más cómodo en situaciones que implican interacción con otras personas, el que lucha contra los ataques de pánico y toma ansiolíticos para calmar los síntomas o detener los ataques antes de que comiencen o aquel que siente poca energía y falta de motivación y consume cocaína o anfetaminas para aumentar el ánimo.

Otros factores de riesgo de trastorno mental identificados fueron una peor salud física, la adversidad social y determinados factores hereditarios.

 

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